jueves, 27 de septiembre de 2012

Boletín No. 4: “¿Cuál es el objetivo del ‘Boletín de Análisis Hispanista’?”


¿Cuál es el objetivo del ‘Boletín de Análisis Hispanista’?”

Pensé que era obvio, pero dado que no lo es, lo declaro aquí: El propósito del “Boletín de Análisis Hispanista” consiste en abrir un portal a una nueva era del análisis filosófico-social y de la reingeniería cultural, incluyendo la restructuración socioeconómica, asistido por el modelado matemático y computacional de índices y medidas de socioculturales selectos. Con estas herramientas matemáticas y computacionales lograremos profundizar e identificar con mayor precisión las fallas y defectos, junto con las fortalezas y virtudes, de una cultura dada de una forma mucho más eficaz que solamente mediante la especulación dialéctica o el argumento político. Al menos tendremos una mejor base objetiva para la discusión filosófica que tiene que ser la base para cualquier propuesta de reforma social o cultural.

                Hay que entender la ‘cultura’ en términos de lo que es: un conjunto de patrones manifiestos, creados, engendrados y compartidos por cierta clase de seres vivos, más notablemente pero no solamente los seres humanos puesto que otros animales inteligentes – como los suricatos, las orcas (las ballenas asesinas), los chimpancés, etc., – también muestran lo que venimos a llamar ‘cultura’. La cultura, como conjunto de diversos patrones conductuales, lingüísticos,  etc., propios de un grupo determinado, es simplemente parte de la estrategia de adaptación al medio ambiente de ese grupo, con fines relacionados a su supervivencia. Entendamos, por lo tanto, la importancia de los patrones de supervivencia en los seres vivos mediante la siguiente afirmación: un ser vivo no es sino conjunto de patrones biológicos – fisiológicos y conductuales – que manifiestan una estrategia de supervivencia lograda mediante el proceso de la evolución. La cultura de un grupo es simplemente un componente de esa estrategia general de la supervivencia de la especie. Corolario: si la cultura supone una mala estrategia los miembros de la misma se extinguirán

Todos los seres vivos operamos con los mismos propósitos generales: la proliferación de nuestra especie en un primer lugar y, en un segundo lugar, la propagación de nuestros propios genes. Un ser vivo no es sino la manifestación de una estrategia biológica para la supervivencia de su especie. Algunas estrategias de supervivencia resultan adaptables, es decir, conllevan a una superación de las adversidades propias de circunstancias ambientales cambiantes, mudables, y a veces impredecibles; el resultado de esa estrategia de supervivencia adaptable es que la especie sobrevive. Otras estrategias no son adaptables y la especie se extingue.

La cultura no es sino un conjunto de patrones normativos que forman parte de la estrategia de supervivencia de cualquier especie cultural. Como cualquier patrón de supervivencia la cultura está sujeta a presiones de adaptación ambiental. Algunas culturas, por lo tanto, desaparecen puesto que no contribuyeron a la supervivencia de sus miembros: los olmecas, los toltecas, los aztecas, los mayas, los minoicos (isla de Creta), los fenicios, los incas, etc., son solamente algunos de los muchos ejemplos de culturas que ya no existen, aunque vestigios muy limitados de esas culturas (Ej., los aztecas, los mayas, los incas) permanezcan todavía entre ciertos miembros de la población.

Para los seres humanos las culturas son metodologías (patrones) de supervivencia o de extinción, y el ambiente dentro del cual tienen que competir para sobrevivir viene a ser el ‘zeitgeist’ (literalmente “el espíritu de los tiempos”) que define el ambiente – cultural, económico, político, y tecnológico – de una era. Culturas que no pueden competir dentro del zeitgeist en el que existen condenan a sus miembros a la obsolescencia y hasta a la extinción. Así de sencillo. No hay ‘buenas’ ni ‘malas’ culturas: hay culturas más o menos adaptadas, culturas que prevalecerán y culturas que desaparecerán. Cada idioma muerto pertenece a una cultura ya extinguida. Adáptate o perece. Y cuando vemos las estadísticas mundiales es obvio quienes están más o menos cerca de ese punto de obsolescencia y de extinción.


Shodai Overton-Guerra
SEMPER ERUDITIO

Boletín No. 3: “Un gobierno del pueblo y para el pueblo”


Un gobierno del pueblo y para el pueblo”

Un gobierno del pueblo y para el pueblo solamente puede funcionar cuando el pueblo tenga un nivel de erudición correspondiente a ese nivel de responsabilidad cívica y política. En un pueblo inculto, obscurantista, altamente religioso y escasamente educado en historia y literatura – propia y universal – en la filosofía, en las ciencias, en la economía, en la formación de la cultura y civilización del “pueblo global” jamás va a tener la sobriedad y la visión necesaria ni para engendrar buenos políticos ni en saber escogerlos aun tropezando con ellos por la calle y en persona.

Pero aquí, en Iberoamérica,  el problema es que pocos – muy pocos, demasiado pocos –  poseen la honestidad, la madurez, y la perspectiva necesaria para darse cuenta de la realidad del problema: “ellos” mismos, y con “ellos” me refiero a los mismos lentes que aplican para analizar y para analizarse. No se paran a preguntarse cuales son los factores precisos, específicos, que distinguen a sus respectivos países de los más prósperos del planeta, como Gran Bretaña o Francia. No se dan cuenta, o no atribuyen importancia, por ejemplo, a su nivel de “analfabetismo cuantitativo” con respecto a los países del primer mundo, es decir, al hecho de que por lo general, estadísticamente, el iberoamericano medio desdeña la lectura en comparación con el ciudadano medio europeo. La mayoría de iberoamericanos carecen,  (o no les interesa aplicar) la disciplina necesaria para superarse a si mismos en su propio estado de colonización. El Tercer Mundo es el Tercer Mundo porque fue formado para serlo, es decir, la cultura misma - desde los ideales religiosos hasta los esquemas que determinan las preferencias de como aplicar su tiempo libre - fue diseñada y a la vez auto-adaptada a una condición de servidumbre ante el Primer Mundo. El problema esta en la CULTURA misma. Los políticos, las actitudes apáticas del pueblo, etc., solamente son manifestaciones de la cultura. Si quieren dejar de ser parte del problema y contribuir a la solución entonces comiencen a ocuparse en el proceso de análisis de la cultura misma y de los factores que hacen al Tercer Mundo inferior al Primero. Acéptenlo: este el un mundo competitivo, y si no quieren servir siempre de tapete al primer mundo, y condenar a sus generaciones futuras a lo mismo, tendrán que cambiar RADICALMENTE su forma de “ser” y de “estar” en el mundo. Y para eso precisan comenzar por un análisis meticuloso de esta forma incompetente, defectuosa, colonizada de “ser” y de “estar”.

Aquellos que se quejan de la corrupción de los “políticos” y de la ignorancia y de la apatía del “pueblo”, ¿cuál es su nivel? ¿Cuántos no pagan la ‘mordida’ al policía para evitar la multa ilícita de tráfico en vez de ejercer sus derechos como ciudadano y delatar su corrupción? ¿Cuántos pagan sus impuestos de acuerdo a la medida estipulada por la ley? ¿Cuántos de ustedes siguen las leyes de tráfico y se abrochan los cinturones de seguridad, frenan completamente en los altos, respetan los semáforos, o señalan antes de torcer o cambiar de carril? Poquísimos – y solamente aquellos que cumplen con el reglamento legal, por gusto y buena voluntad y no bajo pena de castigo, tienen el derecho de quejarse de la corrupción ajena.  ¡Pero es increíble observar como los mexicanos, a punto de cruzar la frontera con los EE.UU. saben abrocharse los cinturones de seguridad y mandar los niños a sus asientos traseros! Y una vez al “otro lado” de pronto se convierten en conductores modelo.

Con respecto a la apatía, ¿cuántos de ustedes lleva un régimen de ejercicio físico mantiene un nivel de condición que inspire a los demás, en vez de llevar un estilo de vida completamente vegetativo? ¿Por qué será que México se disputa el primer lugar en obesidad infantil y adulta? Sean sinceros: ¡echen una ojeadita a sus propias cinturas y díganme que tienen el derecho de criticar al resto del Pueblo mexicano por su apatía! Aquí la gente vive para el buen comer, esclavizados completamente por los apegos de sus paladares y sin muestra alguna de una disciplina personal.

 Con respecto a la ignorancia, pueden culpar al gobierno por el estado deplorable del sistema educativo de México – el último en la OCDE – pero no pueden culpar al gobierno por el rechazo que tiene el pueblo hacia la lectura, hacia el estudio filosófico, científico. ¿Cuántos de ustedes no prefieren sentarse a ver la televisión en vez de sentarse con un buen libro, con un libro académico de filosofía, de literatura clásica, de ciencias, de política, de historia para remediar el pésimo estado de la educación estatal? ¿Cuántos de ustedes, padres y madres, exigen a sus hijos que lean en vez de perder el tiempo en Youtube o en Facebook?  Todo lo contrario: aquí la actitud dominante es que la niñez y la adolescencia es para “divertirse” en vez de para “aplicarse” en pos de una formación educativa.

Finalmente la soberbia – ¡eso reina en todo el mundo Hispano, desde los Pirineos hasta Gibraltar y desde Tijuana hasta Tierra de Fuego!  ¿Cuántos son capaces honestamente de darse cuenta de que las criticas anteriores no solamente son bien fundadas y justificadas mediante –  tanto estadísticas nacionales e internacionales como mediante observaciones comunes – sino de reconocer sus propias contribuciones negativas al estado deplorable del país? ¿Cuántos de ustedes en vez de sentir una indignación consigo mismos no sentirán el impulso, negativista-desafiante, de “matar al mensajero” o de recurrir a alguna vulgaridad o grosería en su (inútil) defensa? ¿Cuántos tomarán la crítica como el primer paso de un análisis que lleve a una corrección?  

Si de verdad quieren hacer algo útil para su país, empiecen por cambiarse a si mismos, a exigir un cambio en sus hijos en cuanto a su formación, y a inspirar un cambio en los demás. Pero no busquen en los modelos de conducta ni de educación que se ofrecen aquí en Iberoamérica, eso sería recurrir al ciego para guiar al ciego. Ni se rijan por estos estándares o por las normas que aquí se ofrecen tampoco, porque los estándares son pésimos y las normas son mediocres. ¿Si el sistema educativo es inferior, qué puede aportar alguien formado en ese mismo sistema? Hay que compararse con los mejores del mundo en cada categoría para inspirarse a la superación precisamente porque el gran problema de toda Iberoamérica es que es un “Pueblo Perdido”, una “Tierra de Nadie”, desprovista de heroicidad y desprovista de sabiduría porque no hay ni héroes ni sabios que incorporen esas cualidades en la cultura y que con su vivo ejemplo inspire a las personas a que superen su estado presente de mediocridad, obscurantismo, y colonización.  En toda cultura el sabio-guerrero, ya sea en la forma de un Mandela, de un Gandhi, de un Martin Lutero King Jr., etc., es el que ofrece el norte, el mapa, y la brújula a una cultura, a una nación, a un pueblo, a una comunidad, a una familia, para salir del hoyo en que se encuentre. En Iberoamérica ese hoyo se llama el “Tercermundismo” y el proceso que lo ha creado es el autosustentable de la colonización.

Para completar esta anotación aporto dos escritos anteriores míos: el primero es una poesía, “Pueblo Perdido”, que a mi forma de ver capta la esencia de la corrupción que corroe todos los pueblos de la Hispanidad. El segundo escrito es un ensayo alegórico sobre la evolución del problema.

Pueblo de nadie, 15 de noviembre, 2011 por Shodai Sennin J.A. Overton-Guerra

Tierra parca de sueños
Almas de esclavos
Pueblo que implora dueños
Y se vende por centavos

Tierra sin piernas ni ilusiones
Caminan arrastrados
Pueblo sin visiones
Donde se paran acostados

Tierra de pesadillas
Ni a soñar se atreve
Pueblo que nace de rodillas
Y lo mediocre promueve

Tierra de futuro ausente
Pueblo sin ídolos ni figuras
Colonizados de cuerpo y mente
Héroes sin bravuras

Tierra sin riqueza de visionarios
Pueblo de corruptos y vicarios
Exiliado de guerreros
Desterrada de sabios

Tierra de fueros
Pueblo de soberbias y apatías
Vacía de causas
Repleta de rebeldías

Tierra ignorante que rechaza enseñanza
Tierra supersticiosa y con eruditos resentida
Pueblo de infancia malcriada
De juventud desperdiciada y consentida

Tierra tan pobre que solo el dinero adquiere
Donde el que más tiene es el que vale
Pueblo sin compromiso ni disciplina
Tierra perdida, Pueblo de nadie

Por Shodai Sennin J.A. Overton-Guerra

De la Bitácora de Shodai, Vol II, por Shodai Sennin J.A. Overton-Guerra

ANOTACIONES PARA EL 30 DE MAYO 2011
148. Título de la Anotación: “La aniquilación y el ostracismo del ‘sabio-guerrero’ en la cultura iberoamericana.”

               He aquí un lobo adulto, el líder de una gran manada, el alfa macho. En su estado natural de libertad es regio, altivo, confiado; es fuerte, es sabio. La manada sobrevive gracias a sus atributos como líder; sabe organizar la caza, sabe mantener el orden. Lleva la responsabilidad del mando y los privilegios también: suyos son los cachorros, él es el primero en consumir de lo cazado. Aprendió su oficio de otro alfa, quizás su padre, y así se propagó una cadena de conocimiento, de sabiduría, desde los inicios de su especie hasta él, el presente. Su mirada impone, su presencia emana poder, confianza; demanda respeto, exige admiración. Captúrenle del bosque y traten de domarle, o incluso domesticarle: le encerrarán, le someterán a las más crueles de las torturas – que incluye privarle de su natural estado de libertad, de su identidad – pero domarle no es posible, mucho menos domesticarle. Jamás será un perrito faldero, no está en él. Le “nace” a la mínima oportunidad, mientras que sus miembros respondan, huir en pos de su libertad; le surge que en la menor ocasión, por en cuanto sus dientes y mandíbulas sean capaces, luchar contra los agentes, vivos o inertes, de su cautiverio. Se le puede someter físicamente, se violentar su cuerpo, pero su espíritu siempre anhelará y gravitará a la libertad que es su derecho, que es su esencia, que es su ser.

Así es el auténtico sabio-guerrero: inquebrantable en espíritu, inagotable en voluntad; incesante en su afán de ser libre, libre en su afán de conocimiento; incansable en la búsqueda de la excelencia, de la auto-perfección; implacable en la realización de su misión. Como a Nelson Mandela, a Martín Lutero King o a Mahatma Gandhi, se le puede encarcelar en cuerpo pero en mente, en espíritu su esencia misma trasciende el dolor, el miedo, las cadenas, los guardias, los muros, y las vallas.

He aquí un lobezno, es decir, un cachorro de lobo; aun cuando le retiremos de la naturaleza, de la compañía de sus padres, de la guía y ejemplo que es para él el lobo alfa; aun cuando le privemos de la manada que completa su formación en calidad de lobo y que le inculca no solamente el conocimiento de la caza sino la disciplina y la jerarquía del mando, de la obediencia, del orden, aun así tampoco tendremos al final mejor suerte de la que tuvimos con el adulto de la especie a la hora de tratar de domarle, mucho menos de domesticarle. Cierto es que cuanto más pequeño y más joven le atrapemos más mostrará ciertas actitudes iniciales que nos alentarán en la fantasía de que algún día servirá de mascota fiel; pero llegadas ciertas etapas de madurez mental y física, el futuro de nuestro gozo, de nuestra ilusión caerá al fondo del pozo del proverbio, y la realidad se revelará como tal: sigue siendo un animal salvaje, libre de espíritu.

Claro está, que al privarle de la oportunidad crítica de saber lo que es, de completar el desarrollo de su identidad como especie libre, tampoco podremos devolverle a la naturaleza: perecerá desprovisto del conocimiento, de la práctica, de la sabiduría de cómo aplicar ese impulso biológico, propio de su condición de animal salvaje, hacia la libertad: sin el conocimiento y sin el entrenamiento de cómo ser un lobo no podrá sobrevivir. Pero una vez libre el cachorro buscará instintivamente a miembros de los suyos hasta que se encuentre en la compañía de un lobo adulto, de una manada que le acepte y que le encamine e inculque en el sendero de su especie. Así igual que ese lobezno es el pueblo inicialmente colonizado: vive perdido pero aún consciente de sus raíces; vive anhelando su identidad, añorando lo que les falta: la disciplina guerrera junto con la sabiduría cultural que le moldee a vivir de acuerdo a quién es. Ese pueblo aún sabría dar tributo, homenaje y respeto a aquel individuo que se les apareciera como su guía, como su maestro, y que, devolviéndoles su dignidad y razón de ser, les encaminara y disciplinara de acuerdo a quiénes son, a su identidad original.

Crucemos a generaciones de lobeznos capturados, progresivamente seleccionando a los más dóciles, a los más gentiles, desechando del acervo genético a los más agresivos y reacios. Con el transcurso de las generaciones acabaremos por último con una representación de la especie original que no solamente es domable, sino claramente domesticable. Nunca alcanzarán la madurez mental y emocional de un lobo adulto sino que se mantienen perpetuamente en una condición de cachorros, transfiriendo su dependencia en ese estado a sus amos humanos que remplazan a sus padres de la manada ancestral. Faltos de un conocimiento de su identidad original, adoptan la identidad que sus captores y criadores les otorgue; son ya mascotas fieles, serviciales, totalmente subordinados y dependientes de los mismos seres que privaron a sus ancestros de su libertad, de su ser, de su identidad.

El resultado ya no es un lobo, ni tiene consciencia de, ni interés en serlo; pero tampoco es un humano, jamás lo será: son perros, ex-lobos despojados de su esencia lupina para convertirse en anexos humanos, en otros accesorios más de la civilización. Su alfa macho es el humano que lidera la familia; su manada es la familia misma. Ahora vive para servir a su amo. Y su enlace empático con, y su dependencia emocional del mismo es tal que vive solamente para agradarle, para sus caricias, aprobación y reconocimiento. Para convivir mejor con su familia humana se le disciplina a ser obediente, a venir cuando se le llama, a hacer trucos que resulten agradables, graciosos y entretenidos. A veces, en el mejor de los casos, desempeña una función con honor y dignidad como es el caso del perro policía o del perro lazarillo. Su comida ya no la aprende a cazar sino a buscarla en su cuenco; su existencia circula entorna a sus amos, es incompleto sin ellos. Camina ya no libre en pos de la gran caza, sino amarrado de una correa ceñida al yugo que es su collar. Es, con suerte, consentido y mimado, pero desprovisto de cualquier cosa que su ancestro llamaría “dignidad”. He aquí al perro doméstico, y he aquí el ser humano primer-mundista, el habitante “integrado” de este mundo “civilizado” creado, propiciado, y dominado por las potencias europeas, y su derivado angloamericano, desde el siglo XVI hasta el presente.

El ser humano “civilizado-integrado” es un profesional, un licenciado, un profesionista, un oficinista, un médico, un administrador, un deportista profesional, un artista de cine, un abogado, un policía, un militar, un banquero, un enfermero, un plomero o fontanero, un albañil, incluso un criminal – da igual cómo se gane la vida con tal de que encaje ordenadamente en el sistema socio-económico actual como consumidor – su misma humanidad se mide en términos de su demostrada capacidad de adquisición de bienes materiales: “tanto tienes, tanto vales”. El ser humano “civilizado-integrado” está múltiplemente esclavizado y enajenado de la naturaleza, de la humanidad, y de sí mismo mediante este sistema socio-económico iniciado y cultivado por el colonialismo europeo, y perpetuado y perfeccionado por el imperialismo corporativo transnacional estadounidense. Está enajenado de sí mismo puesto que desconoce su esencia, desconoce lo que es, lo que debe ser, y cómo transformarse. Este estado de enajenación personal le causa un gran vacío existencial por dentro, interior, que no sabe cómo rellenar y por consecuencia una angustia existencial que no sabe cómo abatir. Es precisamente este vacío existencial lo que la civilización y la colonización europea y el imperialismo transnacional corporativo han sabido mejor explotar y acrecentar.

De hecho, el proceso de la civilización occidental inculca al ser humano “civilizado-integrado” la idea, la necesidad, el impulso desesperado de buscar la solución a su angustia existencial por una parte en la aprobación de una deidad, y por otra en la gratificación inmediata, efímera mediante el consumo materialista de objetos innecesarios. Ambos recursos son externos a su persona, a su alcance directo e inmediato; ambos le esclavizan por dentro y por fuera. Ambas fuentes de su falso consuelo son externas a su poder personal, están deliberadamente, estratégicamente ubicadas por fuera de él, es decir, ni siquiera son soluciones a los cuales tuviera libre acceso aunque fuese el caso de ser verdaderas remedios a su dolencia – que por su puesto no lo son, sino todo lo contrario. La religión occidental y la corporación transnacional, como buenos traficantes de un narcótico psicológico-espiritual, inspiran un estado de adicción emocional con el cual esclavizan el cuerpo, colonizan la mente, y conquistan el espíritu de sus víctimas.  El ser humano “civilizado-integrado” está además enajenado del fruto de su trabajo –  “labor” lo denomina, palabra sinónima de “faena”, de “trastada”, de “mala pasada” –  en vez de encontrar en su obra, en su esfuerzo, cobijo, refugio, orgullo, complicidad, autorrealización. No obstante, el sistema ha inculcado en el “ciudadano-integrado” una necesidad de cumplir con su régimen de adquisiciones según el adagio de “lo tienes es lo que vales” en vez de “lo que eres es lo que vales,” y de acuerdo al lema “más es mejor” en vez de “mejor es más”.

               Sin embargo existe una condición canina por debajo de la del perrito faldero: he aquí el perro callejero. Naciera con amo o en la calle misma, el perro callejero es el anexo descastado, el accesorio desalojado de la civilización. Indeseado y abandonado, vagabundea por las calles enfermo, hambriento, descuidado, alimentándose de la basura, de los escombros. Es considerado la gran vergüenza, la gran alimaña, el gran símbolo de la suciedad, del despojo y de la decadencia de los centros urbanos; simultáneamente, para aquellos más sensibles, es el recuerdo inmediato de la crueldad y del egoísmo del ser humano y de la indiferencia que manifiesta con las especies de vida, incluso con aquellas que profanó en su esencia para satisfacer su propia necesidad o antojo.

Carente del espíritu y del conocimiento de su antepasado regio, y víctima de innumerables carencias y traumas, el perro callejero a pesar de ser técnicamente “libre” es incapaz de regresar a la nobleza de su punto de origen ancestral. Atrapado en un limbo existencial, a su vez tampoco es capaz de encajar fácilmente en un hogar en calidad de compañero doméstico, es decir, no sin la caridad y conocimiento de una mano experta que le entrene y discipline – suponiendo que tuviera la inmensa suerte de ser ofrecida dicha oportunidad. Desprovisto del conocimiento del orden, de la disciplina organizadora de la jerarquía de mando propia de la manada, el perro callejero no puede convertir su condición de desahucio en uno de libertad según el cuál tomaría la tremenda oportunidad de gozar de su liberación del yugo del collar, para regresar feliz y contento al estado de dignidad original de su noble ancestro “precivilizado” –  el lobo. He aquí el perro callejero; he aquí también el ciudadano tercermundista, el “ciudadano-desahuciado” del mundo civilizado.

Las poblaciones indígenas en particular, y los descendientes europeos colonizados de las Américas, de África, de Indonesia, y de Oceanía, etc. en general, fueron sometidas a un proceso análogo al de la domesticación del lobo, pero no precisamente con el objetivo de crear naciones de “ciudadanos integrados”, sino de todo lo contrario: de fomentar una masa de “ciudadanos-desahuciados” desorganizados, conformistas, ignorantes, incumplidos, irresponsables, etc., incapaces, al igual que el perro callejero, de beneficiarse de la condición de libertad que lograron como resultado de sus respectivos movimientos de independencia. El tercermundista, el “ciudadano-desahuciado”, al igual que el perro callejero, no puede ni retroceder a un estado de pre-colonización o de pre-civilización europea, ni tampoco posee las cualidades – el conocimiento, la cultura, la educación, el estatus socioeconómico, la disciplina, la autoconfianza, la motivación, etc. – para integrarse de pleno en – y competir con – el primer mundo. Es de notar que esta condición de “ciudadano-desahuciado” existe no solamente en los países tercermundistas, aunque ahí destacan por su porcentaje dominante de la población, sino también en el creciente margen socioeconómico fallido del, denominémoslo, “tercer mundo en el primer mundo” – las barriadas, los guetos, los proyectos, etc., de Nueva York, de Los Ángeles, de Atlanta, de Chicago, de Paris, de Londres, etc.

Llamémoslos “Superpotencias”, “híperpotencias,” o simplemente “Imperios”, el resultado final es el mismo: una nación o pueblo más poderoso entra en una relación con otros con el fin de explotar sus recursos naturales y humanos. Debido a la desigualdad de poder – sobre todo militar y tecnológico – entre la “híperpotencia” y sus “socios”, la relación resultante conlleva una tremenda desigualdad de costos (sociales, culturales, naturales, etc.) por parte de los “socios” y de beneficios (económicos, estratégicos, etc.) a favor de la “superpotencia”. Esta desigualdad se extiende de tal grado que la relación se describe no en términos de una simbiosis de comparable beneficio mutual, sino de una explotación parasitaria en la que la superpotencia es un explotador de sus huéspedes, sobre todo de aquellos tercermundistas.

La relación de explotación, o al menos desigualdad de términos, entre clanes, pueblos, reinos, naciones, países es seguramente tan antigua como el concepto misma, pero la disparidad tecnológica y militar que mostraron los europeos con respecto al resto del mundo incluyendo y sobretodo los pueblos indígenas de África, Oceanía, y las Américas constituye una situación insólita en la historia mundial. Los resultados, que comenzaron en el siglo XVI con la expansión colonizadora europea y continua hasta el presente, han sido horrendos para estas poblaciones. Durante todo ese tiempo las fuerzas dominantes, ya sean del imperio, de la superpotencia, o de la híperpotencia, han tenido muchas oportunidades para perfeccionar sus estrategias de dominio y explotación. La explotación de un individuo o clase social o pueblo tiene niveles o fases. En la fase inicial los explotados aún saben lo que son; ésta es la fase más frustrante, arriesgada y menos productiva para el agente explotador: los dominados todavía saben que son lobos. Muchos recursos tienen que ser aplicados en evitar sublevaciones, sabotajes, motines, insurgencias, etc. El lobo alfa – el sabio-guerrero – no cede su libertad voluntariamente y sin una lucha feroz.

El nivel de explotación ideal, es decir, el último, requiere de una esclavización mental-espiritual del pueblo. En ese nivel la fuerza colonizadora ha logrado que la clase o el pueblo avasallado no solamente no se dé cuenta de su situación, sino que por lo contrario, esté o completamente indiferente a su estado, o convencido de que es tanto o más libre que sus ancestros, de esa forma participa plenamente en su propia explotación. Ese es el estado actual de la América Latina.

El viernes pasado, día 27 de mayo, 2011, durante el seminario de FITA y con el motivo del análisis del discurso de despedida del ex-presidente de los EE.UU. Dwight D. Eisenhower, acabé improvisando un breve seminario sobre la historia de la “Guerra Fría”, sobre la estrategia político-militar-económica del “Detente”, sobre el significado del neologismo “complejo industrial-militar” propiciado por Eisenhower durante ese mismo discurso, y sobre los efectos de la política exterior antisocialista y anticomunista estadounidense en el mundo iberoamericano. Estos efectos se expresaron de muchas formas y en numerosos ámbitos de las culturas de la América Latina: en la política, en la sociedad, en la economía, en la educación, en los valores materialistas, en la identidad individual y nacional, pero de ninguna forma más directa y más obvia que en la programación ideológica, cultural, y social anti-intelectualista que apoyara su política pro-fascista y anti-izquierdista. 

La civilización occidental, cuyos orígenes intelectuales parten del “gnothi seauton”, del “conócete”, del impulso de hallar respuesta al imperativo de “sabe qué eres” – ha entendido, aunque fuese inconscientemente, que a la hora de someter, dominar, colonizar a un pueblo – propio o ajeno – es de máxima prioridad extirpar, aniquilar, anonadar el mero impulso y la curiosidad de la búsqueda de la identidad y de la curiosidad intelectual en el mismo. Son precisamente esas dos corrientes filosóficas las que son el origen y la base de la ventaja intelectual europea convertida en la superioridad tecnológica-militar que permitió a sus naciones constituyentes, y a su derivado angloamericano, repartirse y someter al mundo. Como dijo Stalin: “Las ideas son más poderosas que las armas. No permitimos a nuestros enemigos armas. ¿Por qué les iríamos a permitir ideas?

EE.UU. durante y desde la Guerra Fría siguió una estrategia dirigida a proteger sus intereses nacionales en Latinoamérica contra la “amenaza Roja” del comunismo y del socialismo chino y soviético. Aparte de la protección de sus fronteras contra la amenaza de una temida invasión soviética, EE.UU., un imperio capitalista, se empeñó en proteger los intereses de las compañías transnacionales americanas operando desde Tijuana hasta Tierra del Fuego. Para resguardar estos intereses era preciso continuar y acrecentar el estado de mansedumbre e ignorancia que España y Portugal establecieron entre las masas latinoamericanas. Efectivamente, no hay que perder de vista que Iberoamérica ya había sido conquistada durante siglos y que el efecto de los EE.UU., en realidad, viene a ser solamente una extensión y continuación de la política colonizadora de las antiguas superpotencias Ibéricas.

¿Pero qué fue lo que más afectó a estos pueblos, a estas naciones, a estas comunidades, a estas familias que ocasionó que sus integrantes quedaran reducidos durante el proceso de colonización a ese estado de “ciudadano-desahuciado” de la comunidad mundial? ¿La pérdida de su idioma? No exactamente; los judíos en su mayoría ya no hablan hebreo fuera de Israel, pero siguen siendo la minoría étnica más exitosa de la historia. ¿La pérdida de sus creencias religiosas originales? No del todo; la implantación de las religiones occidentales monoteístas definitivamente ejerció un papel, y un papel fundamental en la conquista y subyugación espiritual de la población, pero la pérdida misma de sus creencias aborígenes no – de hecho nos vendría de maravilla una buena oleada de ateismo en mundo iberoamericano y en todo el tercermundista en general. ¿La pérdida de su alimentación, de su recetario de cocina? No, eso no. ¿El cambio de usanza indumentaria, la mudanza de sus vestimentas tradicionales? No, en absoluto. ¿La pérdida de sus danzas y costumbres rituales? No, claro que no. ¿De su calendario de festividades? Tampoco. Todas esas pérdidas al fin y al cabo son cambios normales que una cultura sometida experimenta durante el proceso de transformación bajo el dominio de una cultura superior: la Galia, la Germania, Hispania, bajo los romanos, por ejemplo. España bajo los Musulmanes, por citar otro. No, fue algo más lo que perdieron durante la colonización. Perdieron un factor mucho más decisivo, mucho más determinante que la religión, el idioma, la dieta, las celebraciones festivas, la vestimenta, etc. Perdieron, por diseño y estrategia, la presencia y la vigencia de la figura del sabio-guerrero, lo que en MAMBA-RYU venimos a llamar el Sennin. Una poesía náhuatl, que incluyo abajo en su transliteración original seguido de una traducción y comentario, describe la función del Sennin, del Tlamatini, con increíble precisión y elocuencia:

Tlamatini: El Sabio Náhuatl
In tlamatini
El que sabe

In tlamatini: tlavilli ocutl, tomavac ocutl hapocyo;
El que sabe: una luz, una tea, una gruesa tea que no ahuma – que no causa humo, que no confunde las cosas, sino que las esclarece.

tezcatl coyavac, tezcatl necuc xapo;
Un espejo horadado, un espejo agujereado por ambos lados.

tlile, tlapale, amuxva, amoxe.
Suya es la tinta negra y roja, de él son los códices, de él son los libros de pinturas. (El posee el conocimiento más sagrado sobre la identidad del pueblo.)

Tlilli, tlapalli.
Él mismo es escritura y sabiduría.

Hutli, teyacanqui, tlanelo;
Es camino, guía veraz para otros.

tevicani, tlavicani, tlayacanqui.
Conduce a las personas y a las cosas, es guía en los negocios, asuntos, humanos.

In qualli tlamatini, ticiti, piale,
El sabio verdadero es cuidadoso (como un médico) y guarda la tradición.

machize, temachtli, temachiloni, neltocani.
Suya es la sabiduría trasmitida, él es quién la enseña, sigue la verdad

Neltiliztli temachtiani, tenonotzani;
Maestro de la verdad, no deja de amonestar - de regañar, de reñir, de reprender, de corregir, de sermonear

teixtlamachtiani, teixcuitiani, teixtomani;
Hace sabios los rostros ajenos, hace a los otros tomar una cara (una personalidad, una identidad), los hace desarrollarla.

tenacaztlapoani, tetlaviliani,
Les abre los oídos, los ilumina.

teyacayani, tehutequiani,
Es maestro de guías, les da su camino, de él uno depende.

itech pipilcotiuh.
Pone un espejo delante de los otros, los hace cuerdos, cuidadosos;

Tetezcaviani, teyolcuitiani, neticiviloni, neixcuitiloni.
Hace que en ellos aparezca una cara (una personalidad, una identidad).

Tlavica, tlahutlatoctia, tlatlalia, tlatecpana
Se fija en las cosas, regula su camino (de ellas), dispone y ordena – (impone orden, comanda.)

Cemanavactlavia,
Aplica su luz sobre el mundo – enseña, ilumina, adiestra.

topan, mictlan quimati.
Conoce lo (que está) sobre (por encima de) nosotros (y), la región de los muertos.

Haquehquelti, haxihxicti,
El sabio (Es el hombre serio).

itech nechicavalo, itech nenetzahtzililo, temachilo,
Cualquiera es confortado por él, es corregido, es enseñado.

itech netlacaneco, itech netlaquauhtlamacho,
Gracias a él la gente humaniza su querer y recibe una estricta enseñanza.

tlayolpachivitia, tepachivitia,  tlapalevia, ticiti, tepatia.
Conforta el corazón, conforta a la gente, ayuda, remedia, a todos cura.

Lo que estos pueblos, países, naciones, comunidades, y familias, habitados y repletos de “ciudadanos-desahuciados” han perdido de su consciencia presente e histórica es cualquier vestigio del arquetipo del sabio-guerrero, de aquél individuo, o género de individuos, capacitado para forjar una identidad nacional y personal de competitividad, de dignidad, de emprendimiento, de disciplina. Una identidad que abarcara con orgullo los logros ancestrales de generaciones pasadas – de todas sus raíces culturales – con vistas a la creación de un patrimonio nacional de honor y no de corrupción, de disciplina pero no de violencia, de compasión pero no de consentimiento surgiría de las cenizas coloniales como lo hizo Japón de su derrota durante la segunda guerra mundial. La eliminación del arquetipo del sabio-guerrero de la geografía mental, cultural, política, social e histórica del tercer mundo por parte de las fuerzas colonizadoras ha sido por decreto, por diseño y por estrategia, y ha sido un tremendo éxito. No es una pérdida de la cuál se recupere un pueblo, una nación, una cultura, una sociedad con facilidad.

El sabio-guerrero, representado por el dragón en ciertas culturas orientales, constituye en único individuo capaz de concienciar a una nación en cuanto a sus raíces y orígenes, el único capaz de educarles, de organizarles y de adiestrarles de acuerdo a los dictámenes de su identidad y encaminarles hacia su propia libertad:

“Es durante las grandes crisis cuando los hombres demuestran su verdadero metal. Muchos, demasiados, ante las primeras amenazas de tormenta se desentienden del mundo y se escabullen como viles alimañas a la oscuridad de sus madrigueras y escondrijos. Otros, los legionarios del cambio, esperan atentos al llamado de generales y profetas que los guíen e inspiren en la misión redentora. Y aún otros, enfrentados con la tempestad que amenaza nuestra destrucción, impulsados por el fuego de una gran pasión por la rectitud y el amor al prójimo, extienden sus alas contra el vendaval y se comprometen, hasta con su último aliento, a nuestra protección. Éstos han sido, y siempre serán, los dragones guardianes de nuestra sociedad.”

Shodai J. Alejandro Overton-Guerra

               El sabio-guerrero resulta siempre el máximo impedimento para la explotación de los recursos naturales y humanos de un país y por lo tanto resulta el primer individuo identificado, acosado y eliminado. Y en el proceso de la colonización misma, que siempre incluye una reprogramación cultural, mental y social del pueblo colonizado, la figura del sabio-guerrero es condenado al ostracismo y al exilio. El pueblo, la cultura, la nación, el país, la comunidad, la familia resultante, sin sus dragones guardianes, sin sus sabios-guerreros, queda reducida a la calidad de “viles alimañas” y después de generaciones los “legionarios del cambio” vienen a ser una reliquia del pasado. De hecho, lo que va quedando es una masa ignorante, apática, y soberbia, una plaga de “negativistas desafiantes”, de perros callejeros, resistentes a cualquier cambio que requiera orden, obediencia, esfuerzo, educación. Desafiantes ante cualquier disciplina libertadora, rechazadores de cualquier forma de sabiduría, lo único que las masas tercermundistas anhelan, lo único que desean es alcanzar el estatus de “ciudadanos-integrados”, de perros domésticos – estatus al que el primer mundo nunca les permitirá alcanzar – para permanecer siempre sirvientes fieles y dedicados de sus amos colonizadores.

He Dicho. Así Es. Y Así Será.


Shodai Overton-Guerra
SEMPER ERUDITIO

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Boletín No. 2: "Vamos a contar verdades"... sobre el mundo Hispano.


Vamos a contar verdades... sobre el mundo Hispano.

"Es hora que los Hispanos hagamos conciencia de nuestro estado, tomemos responsabilidad por los defectos y por las deficiencias propios de nuestra cultura, nos motivemos por el análisis racional, nos inspiremos por un compromiso a la superación personal y colectiva, y nos dejemos guiar por una estrategia meticulosa y concienzuda. Solamente así lograremos superar nuestra presente condición de decadencia y corrupción."  
Shodai Sennin J. A. Overton-Guerra
  

Entre los numerosos recuerdos de mi infancia hay una canción que oigo de vez en cuando entonado en acento diverso y aplicado a motivos diferentes. La canción, de autoría anónima y que goza de muchísimas variaciones, comienza así en su versión original:

Ahora que vamos despacio,
ahora que vamos despacio,
vamos a contar mentiras, tralará,
vamos a contar mentiras, tralará,
vamos a contar mentiras.

Por el mar corren las liebres,
por el mar corren las liebres,
por el monte las sardinas, tralará,
por el monte las sardinas, tralará,
por el monte las sardinas.

                Como es el caso de gran parte de estas rimas infantiles, aparentemente vacías y sin sentido, la canción esconde una grandísima verdad: “Ahora que vamos despacio,” es decir, ahora que nos encontramos sin prisas, sin distracciones innecesarias o nocivas, y sin presiones que nos impidan lo contrario, en vez de contar verdades y lidiar con la realidad, en vez de entablar con temas profundos, actuales, de gran índole y de suma importancia, vamos a entregarnos a aquel pasatiempo tan sumamente humano como es la evasión, la artimaña, y el engaño – propio y ajeno. Aquí y ahora no vamos a ceder a tales caprichos y consentimientos: “Vamos a contar verdades” y en particular “verdades” que nos atañen a todos los hispanos.

                El Reino Unido, junto con todos los demás países anglosajones – los denominados “hijos de la Gran Bretaña,” – Canadá, Australia, Nueva Zelanda, y los Estados Unidos – figuran entre los países de más alto nivel socio-económico del planeta, lo que se viene a conocer como los países del “primer mundo.” Por lo contrario, de entre los países de habla hispana, solamente uno se encuentra en esta categoría: España, la madre patria. Esta es a la vez una gran verdad como debería ser una gran vergüenza para todos los hispanos.

                Si una imagen vale mil palabras, entonces una vivencia vale miles y miles de imágenes. En ninguna parte del mundo y de ninguna manera se vive de forma más patente la verdad entre la discrepancia socio-económica del mundo anglosajón y del mundo hispano que en “la línea” que divide Tijuana, Baja California, de San Diego, “Alta California.” A diario, en la frontera más transitada del mundo, millares de individuos, casi todos mexicanos, hispanos, cruzan – legal o ilegalmente – en busca de las oportunidades superiores que les ofrece “el otro lado.”

                Hace unos meses tuve que acompañar a una joven para que pudiera visitar a su esposo recientemente detenido por tráfico de narcóticos en una prisión estatal en San Diego. Las visitas se celebraban al aire libre en el jardín de la prisión. El asombro constante de la joven chocaba con lo lúgubre de la ocasión: “¡Ay que lugar más bonito! ¡En México ni los parques son tan lindos!” Verdad triste a la vez que inquietante, sobre todo teniendo en cuenta que el campo de la prisión es mantenida por jardineros mexicanos.

                Hay muchas y complicadas explicaciones en cuanto al ‘por qué’ de la falta de bienestar en las sociedades descendientes del imperio español y la gran prosperidad de los pueblos herederos del imperio británico. La visión anglosajona popular – racista – habla de la “inferioridad latina” en términos genéticos y sostiene que puesto que somos descendientes de razas “serviles” (la española, la africana, y la amerindia) por naturaleza somos indisciplinados, arrogantes, soberbios, anárquicos, apáticos, violentos, y perezosos; solamente sabemos comportarnos cuando vivimos bajo la mano firme de un gobierno absolutista, la bota de una dictadura militar, o cuando nos hallamos indocumentados y sin derechos en un país ajeno pero socialmente superior, es decir, anglosajón.

                Como latino que residió durante bastantes años en países anglosajones durante diversos periodos de mi infancia y de mi adultez, he tenido amplia oportunidad de oír, y de debatir estas teorías a “puño, palabra o pluma.” Ni hay que decir que como descendiente de las razas “latina, africana, e india” ninguna de estas “teorías” resultan aceptables para mí.

                Otras teorías anglosajonas para explicar nuestra inferioridad, ya más académicas y menos racistas, no se basan en argumentos biológicos, sino sociológicos, atestando a que nuestra discapacidad social es el resultado de una mentalidad ‘colonizada’ que se manifiesta en una falta de consciencia social, una carencia de patriotismo, y una actitud negligente ante la productividad y el empleo efectivo de nuestro tiempo. Como evidencia aluden a la larga lista de latinos que en el contexto de los Estados Unidos, o del Canadá, o de Inglaterra, logran destacarse como políticos, profesores, abogados, médicos, y científicos, pero nunca regresan a su patria de origen para contribuir a una mejoría allá: sólo en el terreno fértil de la organizada y superior sociedad anglosajona logramos florecer.  

                Todos los latinos – ya sean los cubanos, los mexicanos, los venezolanos, los puertorriqueños, los colombianos, los argentinos, etc. – también tenemos nuestras propias teorías para explicar, o para excusar y justificar, la discrepancia entre la prosperidad y la estabilidad social y económica de los países anglosajones y los de habla española.

                Entre estas explicaciones casi siempre figuran prominentes los efectos de la colonización – aún y a pesar de que sus respectivos países lograron su independencia en cada caso hace más de un siglo: es como excusar nuestros adulterios con la promiscuidad de nuestros abuelos.

                También hay muchos, incluyendo los brasileños, que señalan al “imperialismo yanqui” y a las constantes intervenciones políticas, económicas, e incluso militares de la superpotencia del mundo como responsables por el nivel de corrupción política de su gobierno actual. Harían bien en tomar el ejemplo del Japón, que a pesar de sufrir la explosión de dos bombas atómicas, la humillante desmilitarización de su país, y de experimentar la presencia militar constante de una fuerza invasora, logró superar su estado de derrota para llegar a establecerse como potencia económica e industrial de primera categoría: Con el demonio solamente arriesgan el alma los que se dejan pervertir por sus tentaciones.

                Hay quienes encuentran en la religión el factor causante del espíritu conformista y de la dominante apatía que tanto prevalece entre los diversos pueblos de Latinoamérica. Los que abogan por esta teoría resaltan como la Iglesia Católica efectúo una campaña de adoctrinamiento oscurantista, con la implantación de temores y supersticiones tanto para difundir su propio régimen de creencias y establecer su propia jerarquía política, como para facilitar el proceso de subyugación del pueblo a las fuerzas de opresión políticas, ya fuesen las imperiales o los regímenes totalitarios post-coloniales. Curiosamente, no por ello estos individuos dejan de acudir a misa con sus esposas los domingos, de celebrar las festividades cristianas, o de llenar sus casas de santos, cruces y velas.

                Sin embargo, vamos a contar verdades: muchas de las críticas sobre nuestras actitudes, conductas, y faltas en general son bien merecidas. En cuanto a las causas, y razonamientos racistas aparte, hay también mucha validez en las explicaciones sociales e históricas que contribuyeron al estado socioeconómico deplorable de la Hispanidad. Los efectos del colonialismo, del adoctrinamiento religioso, de la política intervencionista americana, etc., son en mayor o menor medida causas colaboradores.

                Pero lo que casi todas estas explicaciones tienen en común es que atribuyen nuestra situación a meros factores externos (el legado colonial, la religión, los americanos) y nos restan cualquier responsabilidad por la misma. Aunque es cierto que en el historial de la patología hallamos indicios para el remedio, el proceso de comprender los antecedentes de una situación difiere en gran medida del proceso de rectificar la misma. Todos estos razonamientos son a su modo ‘verdades’ interesantes, pero no presentan soluciones; tampoco incitan al cambio o a la superación. La diagnosis de la realidad del mundo Hispano es ya bien evidente, basta salir a la calle para ver el estado enfermizo de nuestra situación.

                Hay que actuar; hay que pasar también de la etiología de la enfermedad (del historial de las causas) y de la diagnosis de la misma a un remedio, y hay que dejar de conformarnos con excusas y enfocar en soluciones; cada día que pasa sin movilizarnos al cambio la prognosis (el resultado anticipado de la enfermedad) se vuelve más y más pésima.

                La esencia de nuestro problema social y personal se ilustra muy bien con el siguiente ejemplo: En la India (y en los circos alrededor del mundo), se entrenan los elefantes para que queden amarrados a cayados. El proceso comienza cuando, aun de becerros, los elefantes quedan amarrados a estacas en la tierra. Al principio los elefantitos luchan con todas sus ganas para liberarse, sólo para darse por vencidos al encontrar que les falta fuerza para romper la soga, partir la estaca o arrancarla del suelo. Con el tiempo el elefante acepta esta condición de impotencia ante su atadura, aun cuando se le emplee arrancando árboles del suelo de raíz cien veces más fuertes y resistentes que la estaca, o jalando toneladas de carga miles de veces superiores a la resistencia del amarre. En términos psicológicos y sociales el problema del elefante es mental, no físico: al elefante no le falta fuerza, le falta conciencia de las posibilidades y de la aplicación de la misma.

                Periódicamente los pueblos latinos se alzan y tratan de zafarse violentamente de las condiciones sociales, políticas, y económicas en las que se encuentran, ocasionado con frecuencia revoluciones; de hecho el concepto de “revolución” involucra un cambio drástico y radical ya sea a nivel social, político, o económico. No obstante los estudiosos de la historia de España y de Latinoamérica reconocen algo muy importante: nuestras revoluciones sangrientas solo han servido para enriquecer a los que nos venden las armas y las balas mientras que “los de abajo” raramente trascienden ese estatus inferior. Lo que se precisa pues, es una revolución mental o sea, de consciencia: tenemos que aprender apensar de forma diferente para que nuestro ‘mundo’ sea diferente. Solo así comenzaremos a identificar y arrancar las estacas que nos detienen, nos limitan, y nos aprisionan. 

                Confucio dijo “es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad,” y es aquí donde tenemos que dejar de contarnos mentiras y aceptar las verdades de quiénes somos. Podemos continuar quejándonos de cómo están las cosas en nuestros respectivos países y seguir siendo defraudados una y otra vez por nuestros políticos, o podemos comprometernos con nuestro propio esfuerzo a ser una vela individual contra la oscuridad – o de seguro seguiremos mereciéndonos los epítetos despectivos de nuestros vecinos del Norte. Tenemos que inculcar un kaizen no kokoro – una mente kaizen – para poder percibir nuestras realidades y trascender las sogas y trancas que nos ciñen.

                A través del mismo proceso psicológico, filosófico y espiritual del que se sirvieron los japoneses para elevarse de los escombros de un holocausto nuclear, crearemos juntos un cambio sociológico que aunque comience con una chispa se convertirá en una llamarada de esperanza para aquellos que se encuentran sin fuerzas y sin alientos para cambiar por si solos: “Si al principio una idea no parece absurda, no hay esperanza para ella” – Einstein.

                La decisión es tuya; pero si quieres dejar de ser el problema y pasar a ser parte de la solución, aplica lo que aprendes de este libro, pásalo a un amigo, visítanos por Internet a http://www.maestroskaizen.blogspot.com/ y únete a la Revolución MAMBA KAIZEN – una revolución de consciencia, una revolución de mentes, una revolución de vida. 

Shodai J. A. Overton-Guerra
Playas de Tijuana, Baja California, México, 2009


martes, 4 de septiembre de 2012

Boletín No. 1. “Al pan, pan y al vino, vino”: Bienvenidos al Boletín de Análisis Hispanista.



Al pan, pan y al vino, vino”: Bienvenidos al Boletín de Análisis Hispanista.

Boletín y grupo para personas y organizaciones interesadas en el análisis y comentario de la actualidad social, política, económica, y cultural del mundo Hispánico.

INTRODUCCIÓN:

Justificación de los términos “hispano”, “hispanista”, e “hispánico”

La palabra “hispanista” se define como la persona “especializada” o “versada” en el “estudio de la lengua, literatura o cultura hispánicas.” La suposición, ampliamente aceptada y establecida en la actualidad académica, es que tal agrupación cultural exista y que, resentimientos regionalistas aparte, no hay duda que existe, por motivos lingüísticos, geográficos, religiosos, e históricos, un patrón de similitudes y afinidades culturales que nos vinculan a todos nosotros y que justifiquen una denominación común.

¿A que se refieren los eruditos y académicos por culturas “hispánicas”?  Nos referimos a aquellas culturas que tienen al castellano o al portugués como primer o segundo idioma, y que comparten, históricamente, culturalmente, una raíz común con las culturas habitantes de la Península Ibérica.  Esta definición es suficientemente inclusiva para abarcar, no solamente a las culturas presentes actualmente  en la Península Ibérica, y no sólo aquellas que ocupan la denominada “Hispanoamérica”, “Iberoamérica”, o “Latinoamérica” (este último término siendo el menos correcto de los tres pero el más difundido), sino también las comunidades de habla castellana y portuguesa presentes en los EE.UU. y el Canadá. Todas las culturas de la Península Ibérica y sus descendientes en todo el continente americano – Norte, Centro, y Sur – quedan incluidos.

La primera pregunta que viene a la mente podría ser la siguiente: Tratándose de más de 450 millones de personas que abarcan una diversidad étnica tan grande, y que se encuentran extendidos a lo largo y ancho de un territorio tan vasto, ¿realmente puede decirse que se trata de una sola, aunque acaparadora, identidad cultural?  Comencemos por una comprensión de la palabra “cultura”[1]:

¿Cultura? ¿Y qué es la cultura? Hagamos algo de filosofía. Según CARLA (Center for Advanced Research on Language Adquisition – el Centro de Investigación para la Adquisición de Lenguaje) de la Universidad de Minnesota, la palabra cultura se define como:
“… los patrones comunes de comportamiento y de interacciones cognitivas, los esquemas, y la comprensión afectiva que se aprenden a través de un proceso de socialización. Estos patrones compartidos identifican a los miembros de un grupo cultural al mismo tiempo que le sirven como distinción entre los de otro grupo.”[2]

La misma página web, dedicada a un proyecto de estudios multiculturales, ofrece otras definiciones complementarias e igualmente explicativas que servirán para ilustrar unos puntos muy importantes que desarrollaremos a continuación:

1.       "La mayoría de los científicos sociales de hoy consideran la cultura como consistiendo sobre todo de los aspectos simbólicos, ideacionales, e intangibles de las sociedades humanas. La esencia de una cultura no está en sus artefactos, herramientas u otros elementos culturales tangibles sino en cómo los miembros del grupo interpreta su uso y las perciben. [La cultura] Son los valores, los símbolos, las interpretaciones y las perspectivas que distinguen a un pueblo de otro en las sociedades modernizadas; no son los objetos materiales y otros aspectos concretos de las sociedades humanas. Las personas dentro de una misma cultura general, interpretan el significado de los símbolos, de los artefactos, y de los comportamientos de la misma o de formas similares".[3]

2.       "La cultura: los patrones o modelos humanos para la vida aprendidos y compartidos; patrones de vida del día a día. Estos patrones y modelos impregnan todos los aspectos de la interacción social humana. La cultura es el principal mecanismo de adaptación de la humanidad." [4]

3.       "La cultura es la programación colectiva de la mente que distingue a los miembros de una categoría de personas de otra."[5]

4.       "Por cultura entendemos todos aquellos diseños creados históricamente para vivir, explícitos e implícitos, racionales, irracionales y no racionales, que existen en un momento determinado como guías potenciales del comportamiento de los hombres."[6]

5.       La cultura consiste en patrones, explícitos e implícitos, de y para un comportamiento adquirido y transmitido por medio de símbolos, que constituyen los logros distintivos de los grupos humanos, incluyendo sus formas de construcción de artefactos; el núcleo esencial de la cultura consiste en ideas tradicionales (es decir históricamente derivadas y seleccionadas) y especialmente en sus valores adjuntos; la cultura puede, por un lado, ser considerada como el producto de acción, y por el otro como elementos condicionantes de acciones futuras. "[7]

6.       "La cultura es el conocimiento compartido y los esquemas creados por un conjunto de personas para percibir, interpretar, expresar y responder a las realidades sociales en torno a ellas."[8]

7.       "Una cultura es una configuración de conductas aprendidas y los resultados de la conducta cuyos componentes son compartidos y transmitidos por los miembros de una sociedad en particular.”[9]

8.       "La cultura...consiste en los patrones de comportamiento y relación con los productos de la acción humana que pueden ser heredados, es decir, transmitidos de generación en generación, independientemente de los genes biológicos."[10]

9.       "La cultura ha sido definida de varias maneras, pero la mayoría se reducen simplemente al comportamiento aprendido y compartido de una comunidad de seres humanos interactuando."[11]

Como vemos, la palabra ‘cultura’ esencialmente consiste en un conjunto de patrones de pensamientos,  sentimiento, (o emociones), conductas (o hábitos), y formas de comunicación adquiridos, compartidos, y transmitidos dentro de un grupo y según los cuales los miembros conviven y de acuerdo a los cuales se identifican entre sí y se distinguen de los demás grupos. Patrones de pensamientos, sentimientos o emociones, conductas o hábitos, y formas de comunicación – todos aprendidos, asimilados, programados, con suma frecuencia sin analizar, sin pensar, sin discurrir – patrones algunos no racionales, y otros netamente irracionales, como por ejemplos aquellos patrones alimenticios que llevan a la obesidad, o los sexuales que conllevan la transmisión de la SIDA. La cultura, en mayor o en menor parte, dictamina el qué hacemos y cómo lo hacemos, lo cual refleja directamente en lo que somos.

Según la observación empírica y las definiciones aportadas por las ciencias sociales (ej., la sociología, la psicología, la antropología, las ciencias políticas, las ciencias cognitivas, etc.) todo y cualquier conjunto de individuos relacionados y característicos poseen una cultura. Es decir, una pandilla criminal tiene una cultura; un equipo de futbol tiene su propia cultura; un grupo de prostitutas también tiene la suya; una cárcel o institución correccional también muestra lo que venimos a conocer como cultura; los esclavos en las plantaciones del sur de los Estados Unidos antes de la emancipación también poseían una cultura. De ahí que el famoso proverbio, “dime con quién andas y te diré quién eres”, tenga resonancia en todas las culturas del mundo y en las ciencias sociales también: representa un aspecto clave de la denominada “naturaleza humana”. ¿Existe la “naturaleza humana”? El efecto programador, inculcador, cultivador, del grupo sobre la forma de pensar, sentir, y actuar de cada miembro es tan reconocido a nivel popular como lo es a nivel científico. La psicología social, por ejemplo, se dedica a estudiar cómo el individuo se deja influenciar mentalmente por un contexto grupal.


La mayoría de los antropólogos, etnólogos, sociólogos, y científicos políticos, o sea, todos que estudian la cultura humana, concuerdan en que el idioma compartido es uno de los factores que más determinan la transmisión cultural y por lo tanto que fomentan la identidad cultural.

El idioma no es el único factor que sirve para fomentar la cohesión cultural. Es preciso considerar, aunque sea brevemente de momento, la estrecha relación entre la cultura y la religión para comenzar a apreciar los profundos, aunque no siempre evidentes, vínculos culturales entre los miembros de la Hispanidad:

La relación entre esas dos manifestaciones de la condición humana [cultura y religión] es tan estrecha que en muchos casos los eruditos afirman que, a pesar de saber que son conceptos diferentes, resulta prácticamente imposible especificar dentro de una dada sociedad exactamente donde termina la religión y donde continúa el ‘resto’ de la cultura. ¿Qué es la religión? Sin desviarnos demasiado de nuestro contexto introductorio ofrezco algunas de las (muchas) definiciones (que considero) más relevantes:[12]

1.       “La religión es concebida como aquello de máximo interés [última relevancia] que da sustancia a la cultura. Y la cultura es la totalidad de las formas en las que el interés básico de una religión se expresa. En resumen, la religión es la sustancia de la cultura, y la cultura es la forma de la religión.”[13]

2.       “La religión, sea lo que fuere, es la reacción total del hombre hacia la vida, ¿así que por qué no decir que cualquier reacción total hacia la vida es la religión?”[14]

3.       “[La religión es] una institución de interacciones culturalmente modeladas con seres sobrehumanos culturalmente postulados.”[15]

4.       “Una religión es un sistema de símbolos, mitos, doctrinas, ética, y rituales para la expresión de lo que es de última [máxima] relevancia.”[16]

5.       “La religión es un sistema de creencias y prácticas por medio del cual un grupo de personas luchan con el problema fundamental de la vida humana.”[17]

6.       “La religión es el precio que pagamos por ser inteligentes, pero todavía no lo suficientemente inteligentes.”[18]

7.       “La religión por lo general tiene que ver con la relación del hombre con el mundo invisible, el mundo de los espíritus, demonios y dioses. Un segundo elemento común a todas las religiones es el término salvación. Todas las religiones tratan de ayudar al hombre a encontrar sentido en un universo que demasiado a menudo parece ser hostil a sus intereses. La salvación del mundo significa, básicamente, la salud. Esto significa que uno se salva del desastre, del miedo, del hambre y de una vida sin sentido. Esto significa que uno está salvo para la esperanza, el amor, la seguridad y el cumplimiento del propósito.”[19]

8.       “La religión es (1) un sistema de símbolos que actúa para (2) establecer estados de ánimo y motivaciones poderosas, persuasivas, y de larga duración en [la gente] mediante (3) la formulación de concepciones del orden general de la existencia y (4) envolviendo estas concepciones en tal aura de facticidad que los estados de ánimo y las motivaciones parezcan singularmente realísticas.”[20]

9.       “Dondequiera que la gente viva, dondequiera que viva, se encuentran enfrentados con tres problemas ineludibles: cómo ganar la alimentación, cómo resguardarse de su entorno natural (el problema que la naturaleza supone), cómo llevarse bien los unos con los otros (el problema social), y cómo se relacionan con el esquema total de las cosas (el problema religioso). Si este tercer tema parece menos importante que los otros dos, debemos recordar que los artefactos religiosos son los más antiguos que los arqueólogos han descubierto.”[21]


En base a esas definiciones reto a cualquier lector a que trate de desentrañar el concepto de cultura del de la religión, teniendo en cuenta que jamás ha habido una cultura humana sin manifestar algo que un experto reconocería como una religión. Ahorraros la molestia: no se puede. La religión es un aspecto intrínseco de la cultura humana.

La religión dominante en el mundo en el hispano, corrientes sociales recientes no obstante, ha sido sin lugar a dudas la religión Católica. Teniendo en cuenta las influencias culturalmente homogeneizadoras de un idioma común y sobre todo de una religión compartida, y las influencias culturales que esos dos factores establecen, afirman, y refuerzan continuamente, no podemos sino racionalmente aceptar que los hispanos, la comunidad descrita anteriormente, forman una macro-entidad cultural. Basado en las teorías y definiciones provenientes y vigentes en las ciencias sociales, sin entrar en mayor detalle, justifico el uso y la definición del término “hispanista”, “hispano” e “hispanoamericano” y sus aplicaciones al estudio de las culturas hispánicas.  


Declaración de Propósito del “Boletín de Análisis Hispanista”

 Pero hay otra manera en la cual el pueblo hispano está vinculado, y ese vínculo se manifiesta de acuerdo al antiguo adagio de “hombres aprisionados por las mismas cadenas forman un solo pueblo” – todos las culturas hispanas, están aprisionadas por las mismas cadenas de una corrupción, a todos los niveles, una corrupción que nos empapa, nos recubre, nos impregna y nos asfixia y ahoga. La naturaleza de esta corrupción es tan ubicua y sus raíces enajenadores son tan profundos y deshumanizadores que nos encontramos impotentes incluso al reconocimiento de la totalidad de sus causas y efectos. El latino es tan ignorante de los efectos de su cultura corrupta, desconocemos de tal grado nuestra propia corrupción, como un pez desconoce su condición de mojado.  

El mar de corrupción en el que nos bañamos y nadamos, el gas de corrupción que respiramos y emitimos, la corrupción que ingerimos y excretamos son causa y consecuencia de una prisión invisible, auto-sustentable y ubicua, que emana de lo más íntimo de nuestro inconsciente.  Se trata de esclavización o colonización mental que reside precisamente en esos mismos patrones de pensamiento, de emoción, y de conducta que constituyen nuestra cultura hispana. Hemos sido desde el inicio, y seguimos siendo una cultura – toda la hispana y de forma más evidente la iberoamericana – pre-programada, diseñada para la colonización, para la explotación mental, cognitiva, emocional, y espiritual. Estos patrones, esta “mentalidad colonizada” se auto-sustentada automáticamente mediante la transmisión de perspectivas y esquemas CULTURALES establecidos en nosotros a modo de grilletes impalpables pero indestructibles, de muros invisibles pero insuperables, de barrotes intangibles pero infranqueables. 

No estamos solos en las Américas en esta categoría de culturas auto-esclavizadoras – de hecho todas las minorías étnicas “de color” las compartimos. El amerindio y el afroamericano son y han sido igualmente víctimas de esta corrupción, y sus culturas muestras semejantes patrones e índices auto-derrotistas que los del mundo hispano. Pero rápidamente podemos establecer las semejanzas que compartimos el pueblo hispano de Iberoamérica con el amerindio y el afroamericano de los EE.UU.: todos somos víctimas de lo que se conoce como “síndrome de estrés postraumático” – una extensión cultural al concepto del “estrés postraumático” y un término que definiremos en artículos futuros pero que, entre otros efectos negativos, está asociado con una crisis de identidad, y todos los complejos psicológicos e inseguridades relacionados con esta.

Tomemos a México como ejemplo conveniente. La corrupción de México, de la cultura mexicana comienza con el erróneo concepto que el mexicano tiene de su propio origen en un mito Azteca. La realidad es que la entidad geopolítica que se conoce como México no tiene sus orígenes en los aztecas, sino 100% en la colonización española y el establecimiento de lo que originalmente se conoció como “Nueva España”. El espacio geopolítico del México actual abarca muchísimo más que el área controlada por el antiguo imperio azteca, e incluye los territorios anteriormente pertenecientes a docenas de etnias indígenas – muchas enemigas y víctimas de los aztecas. De hecho los aztecas forman, racial, cultural, y geográficamente una parte minúscula del territorio de “Nueva España”. El mexicano típico vive, en su ignorancia, permanentemente alienado de la realidad histórica de la que surge su identidad nacional. La lengua castellana y la religión católica – ambas componentes impuestas por la colonización española – vienen a ser la base de la identidad cultural mexicana – no sus orígenes ficticios en un águila posada en la hoja de un nopal. Ahí comienza y continúa una buena parte de su alienación, una alienación de sí mismo, en sí mismo y por sí mismo. Una alienación basada en la corrupción de su identidad histórica.

Pero la corrupción del mexicano, al que tomamos como modelo solamente, no comienza ni termina en la corrupción de su sentido de la identidad. Hay que tener en cuenta el motivo por el cual fue colonizado. Iberoamérica entera fue colonizada con el propósito de la explotación de sus recursos naturales y humanos. Y los designios de esta colonización se extendieron, y se extienden a el establecimiento de unos patrones culturales – sobre todo arraigados en la religión católica – que le rindieran fácil de dominar por fuerzas superiores (militares, económicas, o religiosas) y a la vez prácticamente imposible de organizar entre sí para formar una resistencia a esas mismas fuerzas. La naturaleza de los patrones culturales es que son autosustentables no importa las limitaciones sociales y económicas que imponen a sus miembros. De ahí el adagio “es más fácil sacar al muchacho del barrio que al barrio del muchacho”. Patrones culturales, a modo de un herpes social, persisten de generación en generación.

Desaparecida la presencia de la corona española quedaron implantados los patrones auto-saboteadores. La cultura iberoamericana permanece fácilmente explotable por agentes externos corruptores, a la vez que le resulta casi imposible superar tendencias tercermundistas debido a la corrupción inherente en la cultura y de la cultura misma.

Entre miembros de una comunidad, cualquier comunidad, es típicamente mucho más fácil llegar a un acuerdo sobre las características de los problemas que sobre sus causas, y mucho más difícil aún con respecto a las soluciones. La perspectiva presente respecto al problema de la corrupción de la cultura hispana es que es una manifestación de una corrupción inherente a la cultura y por lo tanto es un fenómeno arraigado en muchos patrones similarmente culturales. Una crítica tan fuerte, tan tajante, tan radical de una cultura, de cualquier cultura, inevitablemente suscitará fuertes emociones defensivas que se extienden desde el rechazo completo del argumento a la conducta ofensiva. De ahí que los fundamentos, las evidencias en las que baso mis críticas y argumentos tienen que ser de lo más contundentes posible: es ahí donde entra el análisis estadístico y el argumento racional partiendo del mismo.

Como científico social y humanista (erudito en el campo de las humanidades)  estoy acostumbrado al uso del análisis estadístico para fundamentar mis argumentos. Son un punto de partida excelente para establecer un debate sobre cualquier teoría o tema. Pero igualmente soy muy consciente de la falta de entendimiento del público en general, sobre todo del hispano con sus deficientes sistemas educativos, en cuanto al uso y significado de los modelos estadísticos  - y el ser humano siempre teme lo que no entiende. Por lo tanto parte del propósito de este Boletín de Análisis Humanista será ayuda a establecer en el lector una base de entendimiento sobre las técnicas empleadas de la forma más clara posible.

El propósito, por lo tanto, del presente boletín, es emplear la información disponible  de numerosas fuentes a la computación de estadísticas pertinentes como punto de partida para el desarrollo de argumentos sustanciados en las mismas, y en fin de esclarecer tanto el grado y la naturaleza de la corrupción prevaleciente en la cultura hispana, identificar sus causas,  y formular un plan de tratamiento para la misma.

Shodai Overton-Guerra
SEMPER ERUDITIO




[1] Las Enseñanzas del Sennin: Introducción al Camino de la Sabiduría”, Vol. I, 2012., páginas 2-4., por Shodai Sennin J. A. Overton-Guerra
[3] Banks, J.A., Banks, & McGee, C. A. (1989). “Multicultural education.” Needham Heights, MA: Allyn & Bacon.
[4] Damen, L. (1987). “Culture Learning: The Fifth Dimension on the Language Classroom”, p. 367. Reading, MA: Addison-Wesley.
[5] Hofstede, G. (1984). “National cultures and corporate cultures”, en L.A. Samovar & R.E. Porter (Eds.), “Communication Between Cultures”, p. 51. Belmont, CA: Wadsworth.
[6] Kluckhohn, C., & Kelly, W.H. (1945). “The concept of culture”, en R. Linton (Ed.), “The Science of Man in the World Culture”, pp. 78-105. New York.
[7] Kroeber, A.L., & Kluckhohn, C. (1952). “Culture: A critical review of concepts and definitions.” Harvard University Peabody Museum of American Archeology and Ethnology Papers 47.
[8] Lederach, J.P. (1995). “Preparing for peace: Conflict transformation across cultures”, p. 9. Syracuse, NY: Syracuse University Press.
[9] Linton, R. (1945). “The Cultural Background of Personality”, p. 32. New York.
[10] Parson, T. (1949). “Essays in Sociological Theory”, p. 8. Glencoe, IL.
[11] Useem, J., & Useem, R. (1963). “Human Organizations”, 22(3), p. 169.
[12] Las Enseñanzas del Sennin: Introducción al Camino de la Sabiduría”, Vol. I, 2012., páginas 14-16., por Shodai Sennin J. A. Overton-Guerra.
[14] William James, “The Varieties of Religious Experience”, (“Las variedades de la experiencia religiosa”, A PENN STATE ELECTRONIC CLASSICS SERIES PUBLICATION, p. 41. http://selfdefinition.org/christian/William%20James%20-%20Varieties%20of%20Religious%20Experience.pdf
[15] Spiro, Melford E., 1971, "Religion: Problems of Definition and Explanation," en Anthropological Approaches to the Study of Religion, M. Banton, ed., London, England: Tavistock Publications, pp. 85-126, encontrado en http://www.soc.hawaii.edu/sponsel/Religion/Definition.html
[16] “Ways to the Center”, p. 1, Carmody, Denise y Brink, T.L., sexta edición, Thompson Advantage Books, 2006.