Vamos a
contar verdades... sobre
el mundo Hispano.
"Es hora que los Hispanos hagamos
conciencia de nuestro estado, tomemos responsabilidad por los defectos y por
las deficiencias propios de nuestra cultura, nos motivemos por el análisis
racional, nos inspiremos por un compromiso a la superación personal y colectiva,
y nos dejemos guiar por una estrategia meticulosa y concienzuda. Solamente así
lograremos superar nuestra presente condición de decadencia y corrupción."
Shodai
Sennin J. A. Overton-Guerra
Entre
los numerosos recuerdos de mi infancia hay una canción que oigo de vez en
cuando entonado en acento diverso y aplicado a motivos diferentes. La canción,
de autoría anónima y que goza de muchísimas variaciones, comienza así en su
versión original:
Ahora que vamos despacio,
ahora que vamos despacio,
vamos a contar mentiras, tralará,
vamos a contar mentiras, tralará,
vamos a contar mentiras.
Por el mar corren las liebres,
por el mar corren las liebres,
por el monte las sardinas, tralará,
por el monte las sardinas, tralará,
por el monte las sardinas.
Como es el caso de gran parte de estas rimas infantiles, aparentemente vacías y
sin sentido, la canción esconde una grandísima verdad: “Ahora que vamos
despacio,” es decir, ahora que nos encontramos sin prisas, sin distracciones
innecesarias o nocivas, y sin presiones que nos impidan lo contrario, en vez de
contar verdades y lidiar con la realidad, en vez de entablar con temas
profundos, actuales, de gran índole y de suma importancia, vamos a entregarnos
a aquel pasatiempo tan sumamente humano como es la evasión, la artimaña, y el
engaño – propio y ajeno. Aquí y ahora no vamos a ceder a tales caprichos y
consentimientos: “Vamos a contar verdades” y en particular “verdades” que nos
atañen a todos los hispanos.
El Reino Unido, junto con todos los demás países anglosajones – los denominados
“hijos de la Gran Bretaña,” – Canadá, Australia, Nueva Zelanda, y los Estados
Unidos – figuran entre los países de más alto nivel socio-económico del
planeta, lo que se viene a conocer como los países del “primer mundo.” Por lo
contrario, de entre los países de habla hispana, solamente uno se encuentra en
esta categoría: España, la madre patria. Esta es a la vez una gran verdad como
debería ser una gran vergüenza para todos los hispanos.
Si una imagen vale mil palabras, entonces una vivencia vale miles y miles de
imágenes. En ninguna parte del mundo y de ninguna manera se vive de forma más
patente la verdad entre la discrepancia socio-económica del mundo anglosajón y
del mundo hispano que en “la línea” que divide Tijuana, Baja California, de San
Diego, “Alta California.” A diario, en la frontera más transitada del mundo,
millares de individuos, casi todos mexicanos, hispanos, cruzan – legal o
ilegalmente – en busca de las oportunidades superiores que les ofrece “el otro
lado.”
Hace unos meses tuve que acompañar a una joven para que pudiera visitar a su
esposo recientemente detenido por tráfico de narcóticos en una prisión estatal
en San Diego. Las visitas se celebraban al aire libre en el jardín de la
prisión. El asombro constante de la joven chocaba con lo lúgubre de la ocasión:
“¡Ay que lugar más bonito! ¡En México ni los parques son tan lindos!” Verdad
triste a la vez que inquietante, sobre todo teniendo en cuenta que el campo de
la prisión es mantenida por jardineros mexicanos.
Hay muchas y complicadas explicaciones en cuanto al ‘por qué’ de la falta de
bienestar en las sociedades descendientes del imperio español y la gran
prosperidad de los pueblos herederos del imperio británico. La visión
anglosajona popular – racista – habla de la “inferioridad latina” en términos
genéticos y sostiene que puesto que somos descendientes de razas “serviles” (la
española, la africana, y la amerindia) por naturaleza somos indisciplinados,
arrogantes, soberbios, anárquicos, apáticos, violentos, y perezosos; solamente
sabemos comportarnos cuando vivimos bajo la mano firme de un gobierno
absolutista, la bota de una dictadura militar, o cuando nos hallamos indocumentados
y sin derechos en un país ajeno pero socialmente superior, es decir,
anglosajón.
Como latino que residió durante bastantes años en países anglosajones durante
diversos periodos de mi infancia y de mi adultez, he tenido amplia oportunidad
de oír, y de debatir estas teorías a “puño, palabra o pluma.” Ni hay que decir
que como descendiente de las razas “latina, africana, e india” ninguna de estas
“teorías” resultan aceptables para mí.
Otras teorías anglosajonas para explicar nuestra inferioridad, ya más
académicas y menos racistas, no se basan en argumentos biológicos, sino
sociológicos, atestando a que nuestra discapacidad social es el resultado de
una mentalidad ‘colonizada’ que se manifiesta en una falta de consciencia
social, una carencia de patriotismo, y una actitud negligente ante la
productividad y el empleo efectivo de nuestro tiempo. Como evidencia aluden a
la larga lista de latinos que en el contexto de los Estados Unidos, o del
Canadá, o de Inglaterra, logran destacarse como políticos, profesores,
abogados, médicos, y científicos, pero nunca regresan a su patria de origen
para contribuir a una mejoría allá: sólo en el terreno fértil de la organizada
y superior sociedad anglosajona logramos florecer.
Todos los latinos – ya sean los cubanos, los mexicanos, los venezolanos, los
puertorriqueños, los colombianos, los argentinos, etc. – también tenemos
nuestras propias teorías para explicar, o para excusar y justificar, la
discrepancia entre la prosperidad y la estabilidad social y económica de los
países anglosajones y los de habla española.
Entre estas explicaciones casi siempre figuran prominentes los efectos de la
colonización – aún y a pesar de que sus respectivos países lograron su
independencia en cada caso hace más de un siglo: es como excusar nuestros
adulterios con la promiscuidad de nuestros abuelos.
También hay muchos, incluyendo los brasileños, que señalan al “imperialismo
yanqui” y a las constantes intervenciones políticas, económicas, e incluso
militares de la superpotencia del mundo como responsables por el nivel de
corrupción política de su gobierno actual. Harían bien en tomar el ejemplo del
Japón, que a pesar de sufrir la explosión de dos bombas atómicas, la humillante
desmilitarización de su país, y de experimentar la presencia militar constante
de una fuerza invasora, logró superar su estado de derrota para llegar a
establecerse como potencia económica e industrial de primera categoría: Con el
demonio solamente arriesgan el alma los que se dejan pervertir por sus
tentaciones.
Hay quienes encuentran en la religión el factor causante del espíritu
conformista y de la dominante apatía que tanto prevalece entre los diversos
pueblos de Latinoamérica. Los que abogan por esta teoría resaltan como la
Iglesia Católica efectúo una campaña de adoctrinamiento oscurantista, con la
implantación de temores y supersticiones tanto para difundir su propio régimen
de creencias y establecer su propia jerarquía política, como para facilitar el
proceso de subyugación del pueblo a las fuerzas de opresión políticas, ya
fuesen las imperiales o los regímenes totalitarios post-coloniales.
Curiosamente, no por ello estos individuos dejan de acudir a misa con sus
esposas los domingos, de celebrar las festividades cristianas, o de llenar sus
casas de santos, cruces y velas.
Sin embargo, vamos a contar verdades: muchas de las críticas sobre nuestras
actitudes, conductas, y faltas en general son bien merecidas. En cuanto a las
causas, y razonamientos racistas aparte, hay también mucha validez en las
explicaciones sociales e históricas que contribuyeron al estado socioeconómico
deplorable de la Hispanidad. Los efectos del colonialismo, del adoctrinamiento
religioso, de la política intervencionista americana, etc., son en mayor o
menor medida causas colaboradores.
Pero lo que casi todas estas explicaciones tienen en común es que atribuyen
nuestra situación a meros factores externos (el legado colonial, la religión,
los americanos) y nos restan cualquier responsabilidad por la misma. Aunque es
cierto que en el historial de la patología hallamos indicios para el remedio,
el proceso de comprender los antecedentes de una situación difiere en gran
medida del proceso de rectificar la misma. Todos estos razonamientos son a su
modo ‘verdades’ interesantes, pero no presentan soluciones; tampoco incitan al
cambio o a la superación. La diagnosis de la realidad del mundo Hispano es ya
bien evidente, basta salir a la calle para ver el estado enfermizo de nuestra
situación.
Hay que actuar; hay que pasar también de la etiología de la enfermedad (del
historial de las causas) y de la diagnosis de la misma a un remedio, y hay que
dejar de conformarnos con excusas y enfocar en soluciones; cada día que pasa
sin movilizarnos al cambio la prognosis (el resultado anticipado de la
enfermedad) se vuelve más y más pésima.
La esencia de nuestro problema social y personal se ilustra muy bien con el
siguiente ejemplo: En la India (y en los circos alrededor del mundo), se
entrenan los elefantes para que queden amarrados a cayados. El proceso comienza
cuando, aun de becerros, los elefantes quedan amarrados a estacas en la tierra.
Al principio los elefantitos luchan con todas sus ganas para liberarse, sólo
para darse por vencidos al encontrar que les falta fuerza para romper la soga,
partir la estaca o arrancarla del suelo. Con el tiempo el elefante acepta esta
condición de impotencia ante su atadura, aun cuando se le emplee arrancando
árboles del suelo de raíz cien veces más fuertes y resistentes que la estaca, o
jalando toneladas de carga miles de veces superiores a la resistencia del
amarre. En términos psicológicos y sociales el problema del elefante es mental,
no físico: al elefante no le falta fuerza, le falta conciencia de las
posibilidades y de la aplicación de la misma.
Periódicamente los pueblos latinos se alzan y tratan de zafarse violentamente
de las condiciones sociales, políticas, y económicas en las que se encuentran,
ocasionado con frecuencia revoluciones; de hecho el concepto de “revolución”
involucra un cambio drástico y radical ya sea a nivel social, político, o
económico. No obstante los estudiosos de la historia de España y de
Latinoamérica reconocen algo muy importante: nuestras revoluciones sangrientas
solo han servido para enriquecer a los que nos venden las armas y las balas mientras
que “los de abajo” raramente trascienden ese estatus inferior. Lo que se
precisa pues, es una revolución mental o sea, de consciencia: tenemos que
aprender apensar de forma diferente para que nuestro
‘mundo’ sea diferente. Solo así comenzaremos a identificar
y arrancar las estacas que nos detienen, nos limitan, y nos aprisionan.
Confucio dijo “es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad,” y es aquí
donde tenemos que dejar de contarnos mentiras y aceptar las verdades de quiénes
somos. Podemos continuar quejándonos de cómo están las cosas en nuestros
respectivos países y seguir siendo defraudados una y otra vez por nuestros
políticos, o podemos comprometernos con nuestro propio esfuerzo a ser una vela
individual contra la oscuridad – o de seguro seguiremos mereciéndonos los
epítetos despectivos de nuestros vecinos del Norte. Tenemos que inculcar un
kaizen no kokoro – una mente kaizen – para poder percibir nuestras realidades y
trascender las sogas y trancas que nos ciñen.
A través del mismo proceso psicológico, filosófico y espiritual del que se
sirvieron los japoneses para elevarse de los escombros de un holocausto
nuclear, crearemos juntos un cambio sociológico que aunque comience con una
chispa se convertirá en una llamarada de esperanza para aquellos que se
encuentran sin fuerzas y sin alientos para cambiar por si solos: “Si al principio una idea no parece
absurda, no hay esperanza para ella” – Einstein.
La decisión es tuya; pero si quieres dejar de ser el problema y pasar a ser
parte de la solución, aplica lo que aprendes de este libro, pásalo a un amigo,
visítanos por Internet a http://www.maestroskaizen.blogspot.com/ y únete a la
Revolución MAMBA KAIZEN – una revolución de consciencia, una revolución de
mentes, una revolución de vida.
Shodai J. A. Overton-Guerra
Playas de Tijuana, Baja California, México, 2009

Es interesante este artículo sobre las verdades, pero es más interesante el mapa que muestra sobre los defectos y patrones que como latinos/hispanos tenemos. Los que no tenemos o no hemos tenido la oportunidad de salir de nuestro país es lógico que nuestra perspectiva y panorama no sea amplia; algunos, quizás como yo, solo hemos cambiado de estado de residencia dentro de un mismo país Hispano, pero los patrones de la cultura son los mismos y esos patrones que se repiten día a día y segundo a segundo lo consideramos como "normales" – y eso es precisamente el problema -, lo que venimos a conocer y a aceptar como la “normalidad”. En lo personal a mi no me molesta y mucho menos me incomoda que un extranjero señale el comportamiento que tenemos puesto que no tengo el prejuicio, no tengo la resistencia que me impida aceptar las cosas como son y de una manera objetiva; tampoco siento que sea una ofensa o un ataque y mucho menos pongo de por medio mis emociones o impulsos. La reacción típica del latino es sentirse ofendido ante cualquier critica a su cultura sin importarle que las bases y causas de la misma sean verdades.
ResponderEliminarEse tipo de reacción vendría a ser como si un doctor me dijera mi diagnóstico de acuerdo a mis síntomas y yo estuviera de necia y le dijera que está equivocado y que es mentira lo que me está diciendo; esa reacción sería debida a la ignorancia que tengo sobre la medicina: para algo él estudió para ser doctor. Estos patrones que consideramos "normales" los tomamos de esa manera por la práctica inconsciente que realizamos a diario y en todo momento, pero usted Shodai es el buen doctor que diagnostica de manera analítica, calculadora y acertadamente el problema. Una persona como usted que ha vivido en diferentes países tanto de primer mundo como del tercer mundo puede hacer este análisis con amplia visión y por lo tanto al hacer la comparativa es evidente que nosotros como latinos carecemos de: dignidad, honor, sinceridad, coraje, valentía, razonamiento crítico, y sustituimos esos atributos por reacciones emocionales e impulsos irracionales. Son nuestros grandes problemas así como también la soberbia, la apatía, la ignorancia, la mediocridad, el conformismo. Nos gusta más la fiesta y poco el cultivo del conocimiento. Ponemos como prioridad encubrir nuestras necesidades instantáneas como el placer que nos provoca la comida, la comodidad de nuestra casa, carro, trabajo, horarios, etc. Poco invertimos en aprender más cosas, poco invertimos en la lectura, en hacer ejercicio, en exigir una buena educación de calidad para nuestros hijos - y con exigir una buena educación no me refiero a que los maestros dejen menos tareas o que pidan menos útiles escolares -, sino exigir que los maestros que están a cargo de una enseñanza sean capaces de enseñar a los alumnos a aprender a razonar, a analizar, y a resolver problemas.
ResponderEliminarA usted Shodai quizás la gente no lo comprenda por los esquemas y patrones que ellos poseen por cultura, y lo vean como el agente externo atacante negativo porque sus ideas no van de acuerdo a la "normalidad" de la gente que tenemos en México y en el resto de Latinoamérica. Yo lo entiendo, lo comprendo hasta cierto punto porque no tengo la resistencia. Y creo que cuando uno no tiene la resistencia, ya no tiene tanto de “negativista desafiante” puede ver la VERDAD tal y como es: esto sucede cuando realmente uno mismo hace los cambios internos (o sea yo hago cambios por mí y para mí para luego por y para los demás). Necesitamos escuchar las cosas sin resistencia, necesitamos tener la disposición para cambiar, para hacer, para dejarnos guiar por personas que saben lo que sucede y no por charlatanes que dicen saber, dejar por un momento a un lado nuestros esquemas, patrones, emociones para llegar a un ENTENDIMIENTO RACIONAL Y ANALÍTICO. Sabemos muy bien que aunque no nos guste el panorama no deja de ser la VERDAD. Pero muchas personas tienden a evadir la verdad y la realidad de las cosas porque están en sus ideales de lo que deberían ser las cosas, usando la imaginación sin control para evadir sin responsabilidad de como las cosas son, y empecinados por puro capricho de llevar ellos mismos la razón y por hacer las cosas como ellos quieren que se hagan, es decir, por lo anarquistas que son (no todas las personas pero la mayoría lo son).
ResponderEliminarEstas personas no están aterrizadas en lo que hay que hacer en el AQUÍ Y EN EL AHORA, y les choca mucho que alguien más tenga la razón, les choca que alguien más les diga qué hacer, cómo hacer y cuando hacer las cosas y más les choca que un extranjero se los diga. Pero seamos sinceros, qué más da de donde venga, ¿qué más da si sea un extranjero o un mexicano o un latino con tal de que nos esté diciendo la verdad? ¿Acaso cuando vamos a un médico que nos haga un buen diagnóstico, un acertado tratamiento importa al final de donde sea? ¿No es el objetivo que recuperemos la salud? Claro que no importa quién sea o de donde venga. Lo que admiramos es la capacidad con la cual ejerce su profesión y que nos haya ayudado a recuperar la salud. Pero no echemos la culpa al doctor cuando NOSOTROS NO QUERAMOS ACEPTAR EL DIAGNOSTICO, Y QUE NO HAYAMOS SEGUIDO LA RECETA DEL TRATAMIENTO AL PIE DE LA LETRA. ESA YA ES RESPONSABILIDAD ÚNICA Y EXCLUSIVA DE NOSOTROS.
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