“Al pan, pan y al vino, vino”: Bienvenidos
al Boletín de Análisis Hispanista.
Boletín y
grupo para personas y organizaciones interesadas en el análisis y comentario de
la actualidad social, política, económica, y cultural del mundo Hispánico.
INTRODUCCIÓN:
Justificación de los términos “hispano”, “hispanista”, e “hispánico”
La palabra
“hispanista” se define como la persona “especializada” o “versada” en el
“estudio de la lengua, literatura o cultura hispánicas.” La suposición,
ampliamente aceptada y establecida en la actualidad académica, es que tal
agrupación cultural exista y que, resentimientos regionalistas aparte, no hay
duda que existe, por motivos lingüísticos, geográficos, religiosos, e
históricos, un patrón de similitudes y afinidades culturales que nos vinculan a
todos nosotros y que justifiquen una denominación común.
¿A que se refieren los eruditos y académicos por culturas “hispánicas”? Nos referimos a aquellas culturas que tienen
al castellano o al portugués como primer o segundo idioma, y que comparten,
históricamente, culturalmente, una raíz común con las culturas habitantes de la
Península Ibérica. Esta definición es
suficientemente inclusiva para abarcar, no solamente a las culturas presentes
actualmente en la Península Ibérica, y
no sólo aquellas que ocupan la denominada “Hispanoamérica”, “Iberoamérica”, o
“Latinoamérica” (este último término siendo el menos correcto de los tres pero
el más difundido), sino también las comunidades de habla castellana y
portuguesa presentes en los EE.UU. y el Canadá. Todas las culturas de la
Península Ibérica y sus descendientes en todo el continente americano – Norte,
Centro, y Sur – quedan incluidos.
La primera pregunta que viene a la mente podría ser la siguiente:
Tratándose de más de 450 millones de personas que abarcan una diversidad étnica
tan grande, y que se encuentran extendidos a lo largo y ancho de un territorio
tan vasto, ¿realmente puede decirse que se trata de una sola, aunque
acaparadora, identidad cultural? Comencemos
por una comprensión de la palabra “cultura”[1]:
¿Cultura? ¿Y
qué es la cultura? Hagamos algo de filosofía. Según CARLA (Center for Advanced
Research on Language Adquisition – el Centro de Investigación para la
Adquisición de Lenguaje) de la Universidad de Minnesota, la palabra cultura se define como:
“… los patrones comunes de comportamiento y
de interacciones cognitivas, los esquemas, y la comprensión afectiva que se
aprenden a través de un proceso de socialización. Estos patrones compartidos
identifican a los miembros de un grupo cultural al mismo tiempo que le sirven
como distinción entre los de otro grupo.”[2]
La misma
página web, dedicada a un proyecto de estudios multiculturales, ofrece otras
definiciones complementarias e igualmente explicativas que servirán para
ilustrar unos puntos muy importantes que desarrollaremos a continuación:
1.
"La mayoría de los científicos sociales
de hoy consideran la cultura como consistiendo sobre todo de los aspectos
simbólicos, ideacionales, e intangibles de las sociedades humanas. La esencia
de una cultura no está en sus artefactos, herramientas u otros elementos
culturales tangibles sino en cómo los miembros del grupo interpreta su uso y
las perciben. [La cultura] Son los valores, los símbolos, las interpretaciones
y las perspectivas que distinguen a un pueblo de otro en las sociedades
modernizadas; no son los objetos materiales y otros aspectos concretos de las
sociedades humanas. Las personas dentro de una misma cultura general,
interpretan el significado de los símbolos, de los artefactos, y de los
comportamientos de la misma o de formas similares".[3]
2.
"La cultura: los patrones o modelos humanos
para la vida aprendidos y compartidos; patrones de vida del día a día. Estos
patrones y modelos impregnan todos los aspectos de la interacción social
humana. La cultura es el principal mecanismo de adaptación de la
humanidad." [4]
3.
"La cultura es la programación colectiva de
la mente que distingue a los miembros de una categoría de personas de otra."[5]
4.
"Por cultura entendemos todos aquellos
diseños creados históricamente para vivir, explícitos e implícitos, racionales,
irracionales y no racionales, que existen en un momento determinado como guías
potenciales del comportamiento de los hombres."[6]
5.
“La cultura consiste en patrones, explícitos
e implícitos, de y para un comportamiento adquirido y transmitido por medio de
símbolos, que constituyen los logros distintivos de los grupos humanos,
incluyendo sus formas de construcción de artefactos; el núcleo esencial de la
cultura consiste en ideas tradicionales (es decir históricamente derivadas y
seleccionadas) y especialmente en sus valores adjuntos; la cultura puede, por
un lado, ser considerada como el producto de acción, y por el otro como
elementos condicionantes de acciones futuras. "[7]
6.
"La cultura es el conocimiento compartido y
los esquemas creados por un conjunto de personas para percibir, interpretar,
expresar y responder a las realidades sociales en torno a ellas."[8]
7.
"Una cultura es una configuración de
conductas aprendidas y los resultados de la conducta cuyos componentes son
compartidos y transmitidos por los miembros de una sociedad en particular.”[9]
8.
"La cultura...consiste en los patrones de
comportamiento y relación con los productos de la acción humana que pueden ser
heredados, es decir, transmitidos de generación en generación,
independientemente de los genes biológicos."[10]
9.
"La cultura ha sido definida de varias
maneras, pero la mayoría se reducen simplemente al comportamiento aprendido y
compartido de una comunidad de seres humanos interactuando."[11]
Como vemos,
la palabra ‘cultura’ esencialmente consiste en un conjunto de patrones de pensamientos, sentimiento,
(o emociones), conductas (o hábitos), y
formas de comunicación adquiridos, compartidos, y transmitidos
dentro de un grupo y según los cuales los miembros conviven y de acuerdo a los
cuales se identifican entre sí y se distinguen de los demás grupos. Patrones de
pensamientos, sentimientos o emociones, conductas o hábitos, y formas de
comunicación – todos aprendidos, asimilados, programados, con suma frecuencia
sin analizar, sin pensar, sin discurrir – patrones algunos no racionales, y otros netamente irracionales, como por ejemplos aquellos patrones alimenticios que
llevan a la obesidad, o los sexuales que conllevan la transmisión de la SIDA.
La cultura, en mayor o en menor parte, dictamina el qué hacemos y cómo lo
hacemos, lo cual refleja directamente en lo que somos.
Según la
observación empírica y las definiciones aportadas por las ciencias sociales
(ej., la sociología, la psicología, la antropología, las ciencias políticas,
las ciencias cognitivas, etc.) todo y
cualquier conjunto de individuos
relacionados y característicos poseen una cultura.
Es decir, una pandilla criminal tiene una cultura; un equipo de futbol tiene su
propia cultura; un grupo de prostitutas también tiene la suya; una cárcel o
institución correccional también muestra lo que venimos a conocer como cultura;
los esclavos en las plantaciones del sur de los Estados Unidos antes de la
emancipación también poseían una cultura. De ahí que el famoso proverbio, “dime con quién andas y te diré quién eres”,
tenga resonancia en todas las culturas del mundo y en las ciencias sociales
también: representa un aspecto clave de la denominada “naturaleza humana”. ¿Existe la “naturaleza humana”? El
efecto programador, inculcador, cultivador,
del grupo sobre la forma de pensar, sentir, y actuar de cada miembro es tan
reconocido a nivel popular como lo es a nivel científico. La psicología social,
por ejemplo, se dedica a estudiar cómo el individuo se deja influenciar
mentalmente por un contexto grupal.
La mayoría de los antropólogos, etnólogos, sociólogos, y científicos
políticos, o sea, todos que estudian la cultura humana, concuerdan en que el
idioma compartido es uno de los factores que más determinan la transmisión
cultural y por lo tanto que fomentan la identidad cultural.
El idioma no es el único factor que sirve para fomentar la cohesión
cultural. Es preciso considerar, aunque sea brevemente de momento, la estrecha
relación entre la cultura y la religión para comenzar a apreciar los profundos,
aunque no siempre evidentes, vínculos culturales entre los miembros de la
Hispanidad:
La relación
entre esas dos manifestaciones de la condición humana [cultura y religión] es
tan estrecha que en muchos casos los eruditos afirman que, a pesar de saber que
son conceptos diferentes, resulta prácticamente imposible especificar dentro de
una dada sociedad exactamente donde termina la religión y donde continúa el
‘resto’ de la cultura. ¿Qué es la religión? Sin desviarnos demasiado de nuestro
contexto introductorio ofrezco algunas de las (muchas) definiciones (que
considero) más relevantes:[12]
1.
“La religión es concebida como aquello de
máximo interés [última relevancia] que da sustancia a la cultura. Y la cultura
es la totalidad de las formas en las que el interés básico de una religión se
expresa. En resumen, la religión es la sustancia de la cultura, y la cultura es
la forma de la religión.”[13]
2.
“La religión, sea lo que fuere, es la
reacción total del hombre hacia la vida, ¿así que por qué no decir que
cualquier reacción total hacia la vida es la religión?”[14]
3.
“[La religión es] una institución de
interacciones culturalmente modeladas con seres sobrehumanos culturalmente
postulados.”[15]
4. “Una
religión es un sistema de símbolos, mitos, doctrinas, ética, y rituales para la
expresión de lo que es de última [máxima] relevancia.”[16]
5. “La religión
es un sistema de creencias y prácticas por medio del cual un grupo de personas
luchan con el problema fundamental de la vida humana.”[17]
6. “La religión
es el precio que pagamos por ser inteligentes, pero todavía no lo
suficientemente inteligentes.”[18]
7. “La religión
por lo general tiene que ver con la relación del hombre con el mundo invisible,
el mundo de los espíritus, demonios y dioses. Un segundo elemento común a todas
las religiones es el término salvación. Todas las religiones tratan de ayudar
al hombre a encontrar sentido en un universo que demasiado a menudo parece ser
hostil a sus intereses. La salvación del mundo significa, básicamente, la
salud. Esto significa que uno se salva del desastre, del miedo, del hambre y de
una vida sin sentido. Esto significa que uno está salvo para la esperanza, el
amor, la seguridad y el cumplimiento del propósito.”[19]
8. “La religión
es (1) un sistema de símbolos que actúa para (2) establecer estados de ánimo y
motivaciones poderosas, persuasivas, y de larga duración en [la gente] mediante
(3) la formulación de concepciones del orden general de la existencia y (4)
envolviendo estas concepciones en tal aura de facticidad que los estados de
ánimo y las motivaciones parezcan singularmente realísticas.”[20]
9. “Dondequiera
que la gente viva, dondequiera que viva, se encuentran enfrentados con tres
problemas ineludibles: cómo ganar la alimentación, cómo resguardarse de su
entorno natural (el problema que la naturaleza supone), cómo llevarse bien los
unos con los otros (el problema social), y cómo se relacionan con el esquema
total de las cosas (el problema religioso). Si este tercer tema parece menos
importante que los otros dos, debemos recordar que los artefactos religiosos
son los más antiguos que los arqueólogos han descubierto.”[21]
En base a
esas definiciones reto a cualquier lector a que trate de desentrañar el
concepto de cultura del de la religión, teniendo
en cuenta que jamás ha habido una cultura humana sin manifestar algo que un
experto reconocería como una religión. Ahorraros la molestia: no se puede.
La religión es un aspecto intrínseco de la cultura humana.
La religión dominante en el mundo en el hispano, corrientes sociales
recientes no obstante, ha sido sin lugar a dudas la religión Católica. Teniendo
en cuenta las influencias culturalmente homogeneizadoras de un idioma común y
sobre todo de una religión compartida, y las influencias culturales que esos
dos factores establecen, afirman, y refuerzan continuamente, no podemos sino racionalmente
aceptar que los hispanos, la comunidad descrita anteriormente, forman una
macro-entidad cultural. Basado en las teorías y definiciones provenientes y
vigentes en las ciencias sociales, sin entrar en mayor detalle, justifico el
uso y la definición del término “hispanista”, “hispano” e “hispanoamericano” y sus
aplicaciones al estudio de las culturas hispánicas.
Declaración de Propósito del “Boletín de Análisis Hispanista”
Pero hay otra manera en la cual
el pueblo hispano está vinculado, y ese vínculo se manifiesta de acuerdo al
antiguo adagio de “hombres aprisionados por las mismas cadenas forman un solo
pueblo” – todos las culturas hispanas, están aprisionadas por las mismas
cadenas de una corrupción, a todos los niveles, una corrupción que nos empapa,
nos recubre, nos impregna y nos asfixia y ahoga. La naturaleza de esta
corrupción es tan ubicua y sus raíces enajenadores son tan profundos y
deshumanizadores que nos encontramos impotentes incluso al reconocimiento de la
totalidad de sus causas y efectos. El latino es tan ignorante de los efectos de
su cultura corrupta, desconocemos de tal grado nuestra propia corrupción, como
un pez desconoce su condición de mojado.
El mar de corrupción en el que nos bañamos y nadamos, el gas de
corrupción que respiramos y emitimos, la corrupción que ingerimos y excretamos
son causa y consecuencia de una prisión invisible, auto-sustentable y ubicua, que
emana de lo más íntimo de nuestro inconsciente. Se trata de esclavización o colonización mental
que reside precisamente en esos mismos patrones de pensamiento, de emoción, y
de conducta que constituyen nuestra cultura hispana. Hemos sido desde el
inicio, y seguimos siendo una cultura – toda la hispana y de forma más evidente
la iberoamericana – pre-programada, diseñada para la colonización, para la explotación
mental, cognitiva, emocional, y espiritual. Estos patrones, esta “mentalidad
colonizada” se auto-sustentada automáticamente mediante la transmisión de perspectivas
y esquemas CULTURALES establecidos en nosotros a modo de grilletes impalpables
pero indestructibles, de muros invisibles pero insuperables, de barrotes intangibles
pero infranqueables.
No estamos solos en las Américas en esta categoría de culturas
auto-esclavizadoras – de hecho todas las minorías étnicas “de color” las
compartimos. El amerindio y el afroamericano son y han sido igualmente víctimas
de esta corrupción, y sus culturas muestras semejantes patrones e índices
auto-derrotistas que los del mundo hispano. Pero rápidamente podemos establecer
las semejanzas que compartimos el pueblo hispano de Iberoamérica con el
amerindio y el afroamericano de los EE.UU.: todos somos víctimas de lo que se
conoce como “síndrome de estrés postraumático” – una extensión cultural al
concepto del “estrés postraumático” y un término que definiremos en artículos futuros
pero que, entre otros efectos negativos, está asociado con una crisis de
identidad, y todos los complejos psicológicos e inseguridades relacionados con
esta.
Tomemos a México como ejemplo conveniente. La corrupción de México, de
la cultura mexicana comienza con el erróneo concepto que el mexicano tiene de
su propio origen en un mito Azteca. La realidad es que la entidad geopolítica
que se conoce como México no tiene sus orígenes en los aztecas, sino 100% en la
colonización española y el establecimiento de lo que originalmente se conoció
como “Nueva España”. El espacio geopolítico del México actual abarca muchísimo
más que el área controlada por el antiguo imperio azteca, e incluye los
territorios anteriormente pertenecientes a docenas de etnias indígenas – muchas
enemigas y víctimas de los aztecas. De hecho los aztecas forman, racial,
cultural, y geográficamente una parte minúscula del territorio de “Nueva
España”. El mexicano típico vive, en su ignorancia, permanentemente alienado de
la realidad histórica de la que surge su identidad nacional. La lengua
castellana y la religión católica – ambas componentes impuestas por la
colonización española – vienen a ser la base de la identidad cultural mexicana
– no sus orígenes ficticios en un águila posada en la hoja de un nopal. Ahí
comienza y continúa una buena parte de su alienación, una alienación de sí
mismo, en sí mismo y por sí mismo. Una alienación basada en la corrupción de su
identidad histórica.
Pero la corrupción del mexicano, al que tomamos como modelo solamente,
no comienza ni termina en la corrupción de su sentido de la identidad. Hay que
tener en cuenta el motivo por el cual fue colonizado. Iberoamérica entera fue
colonizada con el propósito de la explotación de sus recursos naturales y
humanos. Y los designios de esta colonización se extendieron, y se extienden a
el establecimiento de unos patrones culturales – sobre todo arraigados en la
religión católica – que le rindieran fácil de dominar por fuerzas superiores
(militares, económicas, o religiosas) y a la vez prácticamente imposible de
organizar entre sí para formar una resistencia a esas mismas fuerzas. La
naturaleza de los patrones culturales es que son autosustentables no importa
las limitaciones sociales y económicas que imponen a sus miembros. De ahí el
adagio “es más fácil sacar al muchacho del barrio que al barrio del muchacho”.
Patrones culturales, a modo de un herpes social, persisten de generación en
generación.
Desaparecida la presencia de la corona española quedaron implantados
los patrones auto-saboteadores. La cultura iberoamericana permanece fácilmente
explotable por agentes externos corruptores, a la vez que le resulta casi
imposible superar tendencias tercermundistas debido a la corrupción inherente en
la cultura y de la cultura misma.
Entre miembros de una comunidad, cualquier comunidad, es típicamente mucho
más fácil llegar a un acuerdo sobre las características de los problemas que sobre
sus causas, y mucho más difícil aún con respecto a las soluciones. La
perspectiva presente respecto al problema de la corrupción de la cultura
hispana es que es una manifestación de una corrupción inherente a la cultura y
por lo tanto es un fenómeno arraigado en muchos patrones similarmente
culturales. Una crítica tan fuerte, tan tajante, tan radical de una cultura, de
cualquier cultura, inevitablemente suscitará fuertes emociones defensivas que se
extienden desde el rechazo completo del argumento a la conducta ofensiva. De
ahí que los fundamentos, las evidencias en las que baso mis críticas y
argumentos tienen que ser de lo más contundentes posible: es ahí donde entra el
análisis estadístico y el argumento racional partiendo del mismo.
Como científico social y humanista (erudito en el campo de las
humanidades) estoy acostumbrado al uso
del análisis estadístico para fundamentar mis argumentos. Son un punto de
partida excelente para establecer un debate sobre cualquier teoría o tema. Pero
igualmente soy muy consciente de la falta de entendimiento del público en
general, sobre todo del hispano con sus deficientes sistemas educativos, en
cuanto al uso y significado de los modelos estadísticos - y el ser humano siempre teme lo que no
entiende. Por lo tanto parte del propósito de este Boletín de Análisis
Humanista será ayuda a establecer en el lector una base de entendimiento
sobre las técnicas empleadas de la forma más clara posible.
El propósito, por lo tanto, del presente boletín, es emplear la
información disponible de numerosas
fuentes a la computación de estadísticas pertinentes como punto de partida para
el desarrollo de argumentos sustanciados en las mismas, y en fin de esclarecer
tanto el grado y la naturaleza de la corrupción prevaleciente en la cultura
hispana, identificar sus causas, y formular
un plan de tratamiento para la misma.
Shodai
Overton-Guerra
SEMPER
ERUDITIO
[1]
“Las Enseñanzas del Sennin: Introducción al Camino de la Sabiduría”,
Vol. I, 2012., páginas 2-4., por Shodai Sennin J. A. Overton-Guerra
[3] Banks, J.A., Banks, & McGee, C. A. (1989). “Multicultural
education.” Needham Heights, MA: Allyn & Bacon.
[4] Damen, L. (1987). “Culture Learning: The Fifth
Dimension on the Language Classroom”, p. 367. Reading, MA: Addison-Wesley.
[5] Hofstede, G. (1984). “National cultures and corporate
cultures”, en L.A. Samovar & R.E. Porter (Eds.), “Communication Between
Cultures”, p. 51. Belmont, CA: Wadsworth.
[6] Kluckhohn, C., & Kelly, W.H. (1945). “The concept
of culture”, en R. Linton (Ed.), “The Science of Man in the World Culture”, pp.
78-105. New York.
[7] Kroeber, A.L., & Kluckhohn, C. (1952). “Culture:
A critical review of concepts and definitions.” Harvard University Peabody
Museum of American Archeology and Ethnology Papers 47.
[8] Lederach, J.P. (1995). “Preparing for peace: Conflict
transformation across cultures”, p. 9. Syracuse, NY: Syracuse University Press.
[9] Linton, R. (1945). “The Cultural Background of
Personality”, p. 32. New York.
[10] Parson, T. (1949). “Essays in Sociological Theory”,
p. 8. Glencoe, IL.
[11] Useem, J., & Useem, R. (1963). “Human
Organizations”, 22(3), p. 169.
[12]
“Las Enseñanzas del Sennin: Introducción al Camino de la Sabiduría”,
Vol. I, 2012., páginas 14-16., por Shodai Sennin J. A. Overton-Guerra.
[13] Paul Tillich, teólogo, http://www.religion-online.org/showarticle.asp?title=2521
[14] William James, “The Varieties of Religious Experience”, (“Las variedades de la experiencia religiosa”, A
PENN STATE ELECTRONIC CLASSICS SERIES PUBLICATION, p. 41. http://selfdefinition.org/christian/William%20James%20-%20Varieties%20of%20Religious%20Experience.pdf
[15] Spiro, Melford E., 1971,
"Religion: Problems of Definition and Explanation," en
Anthropological Approaches to the Study of Religion, M. Banton, ed., London,
England: Tavistock Publications, pp. 85-126, encontrado en http://www.soc.hawaii.edu/sponsel/Religion/Definition.html
[16] “Ways to the Center”, p.
1, Carmody, Denise y Brink, T.L., sexta edición, Thompson Advantage Books,
2006.
[17] J. Miltion Yinger, en http://probeliefsandreligionshouse.blogspot.mx/2011/07/charts-of-world-religions.html
[18] Aldous Huxley, en http://web.pdx.edu/~tothm/religion/Definitions.htm
[19] David G. Bradley, en http://web.pdx.edu/~tothm/religion/Definitions.htm.
[20] Clifford Geertz, en http://web.pdx.edu/~tothm/religion/Definitions.htm
[21] Houston Smith, en http://web.pdx.edu/~tothm/religion/Definitions.htm

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